Especial: Preparación Adviento/Navidad 2008
'Spe Salvi': la esperanza también es belleza
domingo, 27 de abril de 2008
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La oración, el actuar, el sufrir... son los lugares de encuentro con la esperanza, la fuerza que transforma la sociedad y al hombre. |
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Jorge Enrique Mújica Temas que, las más de las veces, levantaron ámpulas y dejaron clara la postura de la Iglesia católica ante el abismo de oscuridad, confusión y desesperación ante el que se abatía la humanidad en argumentos como la moral, el liberalismo, el relativismo, el sincretismo religioso o la pérdida de la fe. Cada Encíclica fue un texto nacido en el momento oportuno como respuesta a necesidades reales y con pautas concretas a seguir para no sumirse en la tristeza de la nada. "Esperanzas" fallidas del siglo XX Como explica el Papa, en la primera parte, la época moderna desarrolló la esperanza de instaurar un mundo perfecto aparentemente posible gracias a los avances de la ciencia y a una política fundada “científicamente”. Se intentó reemplazar la esperanza Bíblica por la esperanza en el reino del hombre. Pero al pasar los años se ha visto claramente que esa “esperanza para todos” se alejó cada vez más del sentido de solidaridad de los hombres y se transformó en ser feliz contra los otros o sin los otros (ahí está el comunismo como botón de muestra). La esperanza no cristiana fue una esperanza contra la libertad porque la situación de las realidades humanas depende en cada generación de la libre decisión de los hombres que pertenecen a ella. "Dios no es indiferente" Y es que no se trata de un afán masoquista, sino de “tener la capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y la justicia” pues cuando mi bienestar “es más importante que la verdad y la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reinan la violencia y la mentira. La verdad y la justicia han de estar por encima de mi comodidad e incolumidad física, de otro modo mi propia vida se convierte en mentira” (Cfr. No. 38 Spe Salvi). Él mismo responde cuando afirma: “Puesto que el hombre sigue siendo siempre libre y su libertad es también siempre frágil, nunca existirá en este mundo el reino del bien definitivamente consolidado. Quien promete el mundo mejor que duraría irrevocablemente para siempre, hace una falsa promesa, pues ignora la libertad humana. La libertad debe ser conquistada para el bien una y otra vez” (Cfr. No. 24 Spe Salvi). Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con Él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor. Sólo la dureza de nuestro corazón nos hace pensar que esto es poco. Sí, el poder de Dios en este mundo es un poder silencioso, pero constituye el poder verdadero, duradero” (Jesús de Nazareth página 69). La belleza nos salvará si nos esforzamos y tratamos de cambiar nuestras realidades, las estructuras de pecado, por unas que hagan a este hogar común, una verdadera casa para el hombre. Y eso lo lograremos cuando percibamos la belleza de la fe que es esperanza y esto es precisamente lo que el Papa trata de hacernos captar a lo largo de los 50 concretos, concisos y ricos puntos de esta gran Encíclica.
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