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Masonería en España.



El tipo de masonería estudiado hasta ahora no fue exactamente el que arraigó en los países latinos, concretamente en Italia y España, en los que la masonería se ha considerado siempre como sociedad secreta con fines más secretos aún, claramente anticatólica y muy vinculada a la actividad política; además, por ser la masonería sociedad internacional se han señalado a los masones como traidores a la patria.

En España, la masonería moderna o especulativa, que es la masonería en el sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por Lord Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar. Años después, en 1739, Lord Raimond constituía la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. Son logias de fundación y obediencia inglesas y, durante el siglo XVIII, mantuvieron, en gran parte, el espíritu inicial que las creara, formando parte de las mismas una minoría ilustrada española, de carácter selectivo aristocrático e intelectual. La figura más destacada de este periodo es el conde de Aranda, que desvincula la masonería española del Oriente ingles, aceptando en cambio el rito escocés de las logias francesas. En 1780, se crea el primer Gran Oriente español, que alcanza gran florecimiento con Montijo, sucesor de Aranda. En este primer periodo, la masonería española tiene ya alcance y significación política debido a la actividad de Aranda y, principalmente, de Montijo, en quien se ha querido ver uno de los responsables del motín de Aranjuez.

Al iniciarse el siglo XIX, la influencia masónica en España es doble: hay logias de inspiración francesa favorecidas por la presencia en España de José Bonaparte, y las hay de inspiración inglesa. De aquellas formas parte los ilustrados llamados afrancesados; de estas los patriotas, entre los cuales se forman los cuadros de los liberales que intervienen en las Cortes de Cádiz. Las logias españolas quedaron reducidas a la clandestinidad al retornar Fernando VII, si bien en 1816 se establece un nuevo Gran Oriente en Granada, continuación del de Montijo; estas logias, que eran el vehículo de transmisión de la ideología política liberal, devienen en reductos de conspiraciones contra la monarquía absoluta. La masonería española adquiere entonces unas características peculiares: carácter conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues a ella pertenecen todos aquellos (Lacy, Riego, Torrijos, etc.) que protagonizaron en España, de manera sistemática y continuada, el sinfín de pronunciamientos propios del siglo XIX hispánico.

Los hombres que acceden al poder durante el llamado trienio constitucional (1820-23) procedían del Gran Oriente español; un grupo discrepante sale de las logias y, aceptando de estas sólo el ritual y los símbolos, constituyen una sociedad típica española, los Comuneros, donde se sustituye la doctrina masónica por un especial ideal revolucionario, burgués y liberal, aplicado a España. Es este el momento de más fuerte influjo político de la masonería española, particularmente en 1822. En este mismo año se funden masones y parte de los comuneros (el ala izquierda de los comuneros pasa al carbonarismo), bajo la dirección de Pérez de Tudela, terminando así por desvirtuarse lo que quedara en las logias de primitivo espíritu masónico.

En 1824, la masonería está prohibida y de nuevo en clandestinidad, sin embargo, entre las revoluciones de 1854 y 1868, las logias españolas actúan con efervescencia en los medios políticos, educacionales, intelectuales y militares, adquiriendo un fuerte matiz anticatólico. Hasta 1868 no sale la masonería a la calle, reconocida públicamente, asistiendo los miembros de las logias con sus insignias y símbolos a los entierros del infante Enrique y de Prim (1870). A raíz de la revolución de 1868, la masonería española conoce un periodo, aunque corto, de auge e influencia en la vida nacional. Los responsables más directos de la revolución pertenecían a las logias, civiles o militares; por ello, en la Constitución de 1869 se cree percibir claras huellas del espíritu masónico español que le dio vida. Este papel decisivo jugado por la masonería en España perdura durante el efímero reinado de Amadeo I, quien había detentado elevados grados en las logias italianas. Con la Restauración, en 1874, aparecen nuevas leyes que la prohiben y desde entonces se ha querido siempre ver en ella un activo artífice de los múltiples y contradictorios bandazos y vaivenes de la política hispánica. De modo especial se le atribuye una participación muy directa en la implantación de las dos repúblicas españolas, estimándose que jugaron un significativo papel en el desarrollo y desenlace de los acontecimientos que originarán la Guerra Civil de 1936. En 1888, los tres Grandes Orientes españoles, además del Supremo Consejo de Colón en la Habana, se unificaron en uno solo, formando logia aparte el Gran Oriente militar español.

Los reyes españoles de la casa de Borbón, que nunca aceptaron grados de la masonería, al menos hasta 1874, la prohibieron a medida que lo hacía la Iglesia Católica.
 
A raíz de la Bula prohibitiva de Clemente XII, en 1738, lo hizo Felipe V; después Fernando VI, Fernando VII, etc. Actualmente, la masonería está prohibida por Ley del 1º de marzo de 1940, sobre delitos de masonería y comunismo.
 
Fuente: churchforum.org