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Evolución humana: descubrimientos más recientes (I)



Nosotros, los seres humanos, somos los únicos entes de toda la naturaleza que se preguntan por su origen, por su evolución y por su destino, así como por el sentido de su existencia. ¿Quiénes somos? Es decir: ¿En qué consiste ser humano? ¿De dónde venimos? O sea: ¿Cuál fue la especie, y el género, de homínido prehumano que ha dado lugar al género humano? ¿Cómo ha evolucionado nuestro género hasta llegar a nosotros? ¿Cuándo apareció nuestra especie? ¿Dónde lo hizo y a partir de qué especie humana surgió la nuestra? ¿Cuál es el origen de la conciencia humana moderna? ¿Apareció al mismo tiempo que la anatomía humana moderna? ¿Somos un mono con suerte? ¿o somos hijos de Dios? ¿Somos un animal más? ¿Estamos hechos sólo de materia? ¿O tenemos un alma racional y espiritual? ¿Con la muerte se aniquila, o nihiliza, todo el individuo humano o acaso hay algo de nosotros que logra sobrevivir a la muerte? ¿Cuál es el sentido de la existencia humana? ¿Desaparecerá alguna vez la humanidad?

La capacidad de formularse preguntas como estas y la capacidad para elaborar respuestas que sean racionales, que estén debidamente argumentadas y que sean empíricamente fundamentadas es, sin lugar a dudas, una de las características que nos singulariza frente a todos los animales, y nos convierte en únicos en toda la realidad física.

Sobre la entrada del templo de Apolo en Delfos podía leerse la inscripción: Conócete a ti mismo, nosce te ipsum. El cumplimiento de este imperativo ha llevado a los filósofos [1] (y a los teólogos) a reflexionar, durante 2500 años, sobre la naturaleza humana. Pero... ¿Y la ciencia? ¿qué nos dice la ciencia sobre el origen y la evolución del hombre? La Universidad de Navarra ha tenido la gentileza de invitarme a hablarles precisamente sobre este tema: El estado actual de los conocimientos científicos acerca de la evolución humana, prestando especial atención a los grandes descubrimientos que se han realizado recientemente.

Ahora bien, para poder entender mínimamente el valor y el significado de estos descubrimientos tan importantes es necesario ver, aunque sea muy brevemente, cómo ser fue gestando el conocimiento científico sobre la evolución humana.
1. Los primeros descubrimientos
1.1.- El Hombre de Neandertal

Hace justo 150 años que se descubrieron los primeros fósiles de humanos que acabarían siendo reconocidos como no pertenecientes a nuestra especie. En efecto, en agosto de 1856 unos canteranos procedieron a la voladura de rocas calizas en la cueva Feldhofer, muy cerca de Dusseldorf (Alemania), cuando observaron que entre los restos estaba la parte superior de un cráneo (la calota o calvaria), así como restos de otras partes del esqueleto postcraneal. Los recogieron y se los enseñaron a uno de los propietarios de la cantera, Wilhelm Beckershoff; quien, pensando que podría tratarse de huesos fosilizados de algún oso prehistórico se los regaló a un profesor local de ciencias naturales: Johann Karl Fuhlrott. Éste enseguida se dio cuenta de que eran humanos. Fuhlrott decidió enseñar estos restos a un reputado especialista: Hermann Schaaffhausen (profesor de anatomía de la Universidad de Bonn). Schaaffhausen afirmó que debían pertenecer a una de las razas humanas más antiguas. Quizás pudo ser un bárbaro que vivió en el norte de Alemania unos cuantos miles de años atrás, antes de la llegada de las tribus celtas y germanas.

Sin embargo, hoy sabemos que, de hecho, en 1829 se habían descubierto varios restos humanos en la localidad belga de Engis. Entre ellos había uno, Engis 2, que pertenecía a un humano del mismo tipo del hallado en la cueva Feldhofer. En 1848, en la cantera de Forbes, en Gibraltar, se encontraron más fósiles con esta morfología tan peculiar; se trataba de un cráneo de mujer [2]. Pero, ni el ejemplar belga, ni el de Forbes Quarry fueron reconocidos como humanos prehistóricos distintos a nosotros. Es más, ni siquiera se publicaron trabajos sobre ellos. Y, sin embargo, Engis 2 son los primeros restos encontrados de humanos que no son de nuestra especie, concretamente son los restos de un niño neandertal.

La idea de que la humanidad había sido creada hacía poco más de 6000 años estaba fuertemente arraigada en la mentalidad de la época, incluida la comunidad científica. Pocos años después del hallazgo de Engis, Boucher de Perthes, un inspector de aduanas francés, descubrió en las terrazas de grava del río Somme de piedras con formas muy curiosas. Parecían hachas de mano. En 1858, dos años después del descubrimiento de los restos humanos de Feldhofer, se calculó que su antigüedad debía tener unos 30.000 años. Por lo que cabía suponer que la humanidad era más antigua de lo que se había previsto. Hoy sabemos que son verdaderas hachas de mano y que su tiene unos 400.000 años.

Sin embargo; el gran cambio conceptual se produjo al año siguiente, cuando Charles Darwin publicó su célebre obra: el origen de las especies. Uno de los grandes méritos de su libro consistió en abrir el camino que popularizaría y enraizaría (tanto en la comunidad científica como en la sociedad) la idea de que las especies actualmente vivientes existían gracias a que habían evolucionado a partir de especies anteriores extintas; y a éstas, a su vez, les habría sucedido el mismo esquema. Así hasta llegar a un primer ser viviente que sería el antepasado biológico común de todos los vivientes posteriores incluidos nosotros.

Entre 1857 y 1858 quienes se fijaron en los huesos del espécimen del valle de Neander interpretaron que eran de un hombre de nuestra especie, pero con un aspecto "peculiar". A un anatomista alemán le llamó la atención la forma arqueada de los fémures y dedujo de ello que debió ser una persona que pasó gran parte de su vida montado a caballo. De ahí conjeturó que debió de tratarse de un cosaco ruso que, tal vez, herido durante la persecución del ejército napoleónico durante su retirada de Alemania en el otoño e invierno de 1813-1814, se refugió en la cueva donde acabaría falleciendo. Otro anatomista se fijó en la robustez y rusticidad de la bóveda craneana (que incluía una frente baja y huidiza, en claro contraste con la nuestra: alta y vertical; así como unos rebordes óseos supraorbitales exageradamente prominentes y prácticamente ausentes en nuestra anatomía facial) concluyendo que se trataba de un viejo holandés. Para otro erudito era un alemán enfermo, que se había roto un codo sin que llegara a curarse. Ambos datos eran ciertos; pero de ahí concluyó que los fuertes dolores le obligaban a fruncir el ceño constantemente y que su angustioso dolor llegó a fosilizar, dando lugar a esos prominentes toros o arcos supraorbitarios.

Ahora bien; tras la publicación de El origen de las especies ya era concebible la idea de que existieran formas humanas anteriores a la nuestra. Y, una vez que se tenía la actitud intelectual ya sería posible identificarlas en el registro fósil. Sin embargo, la tarea no resultaría fácil. Prueba de ello era el caso de Thomas Huxley, ferviente defensor de la teoría evolucionista de Darwin, quien rechazó que los fósiles de Feldhofer fueran ejemplares representativos de una especie humana anterior a nosotros e intermedia entre los simios y los humanos actuales, puesto que los encontraba más parecidos a aquéllos que a éstos.

Williams King, profesor de anatomía en el Queen's College de Galway, en Irlanda, propuso por primera vez, en 1861, que los fósiles de Feldhofer pertenecían a una especie humana anterior a la nuestra y distinta de ella: el Hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis). La cuestión, con dificultades, empezaba a encauzarse. Aunque costó aceptar la propuesta de King, ésta acabó imponiéndose, ya que en 1868 se encontraron más restos humanos "antiguos", tanto como los del valle de Neander, aunque de aspecto mucho más moderno, tanto que eran similares a nosotros. De modo que podía asegurarse que eran antepasados directos nuestros y relegar a los neandertales a una línea evolutiva lateral extinta. Esto permitía renunciar al parentesco directo con los hombres de neandertal al mismo tiempo que se conservaba la idea central de la teoría de la evolución de Darwin según la cual los humanos actuales descendíamos de antepasados extintos pero, eso sí, en nuestro caso tenían que ser de aspecto esbelto y señorial. Nacía la idea de que nuestros ancestros directos eran los cromañones y no los neandertales. Tanto a finales del siglo XIX como a principios del XX se fueron encontrando más restos de neandertales y cromañones.
1.2.- El hombre erguido sin habla

En 1887 el médico holandés Eugen Dubois (1858-1940) se dirigió a las Indias Orientales Holandesas (la actual Indonesia) con la intención explícita de encontrar allí al eslabón perdido entre los humanos y los simios. Es curioso que un darwinista convencido, como era el caso de Dubois, buscara en el sudeste asiático al missing link, cuando resulta que Darwin vaticinó que el origen del hombre debería estar en Africa, pues era allí donde convivían los humanos con las morfologías más parecidas: la de los grandes simios.

Después de cuatro años de búsqueda infructuosa, en 1890 encontró una calota (la bóveda craneal), y en agosto de 1891 un fémur y una muela. Con estos ejemplares nombró una especie humana nueva a la que bautizó con los nombres: Pithecanthropus erectus (hombre-mono erguido) y Pithecanthropus alalus (hombre-mono sin habla) [3]. Como es natural en ella, la comunidad científica se mostró escéptica y expresó su reticencia a admitir el estatus de espécimen intermedio entre los humanos y los simios que Dubois le atribuía al Pithecanthropus. De hecho el propio científico holandés acabó renegando de su hallazgo. Hoy sabemos que estos restos humanos se corresponden a Homo erectus, y que tiene una antigüedad ligeramente superior al millón de años. Durante mucho tiempo se pensó que estos humanos habían vivido desde hacía poco más de un millón y medio de años hasta hace unos 300.000 (Zoukoudian, en China). Pero las nuevas dataciones ofrecidas por el equipo del geocronólogo Carl Swisher, en la segunda mitad de los noventa, insisten en que el grado erectus, pudo haber ocupado un rango cronológico que iría desde hace más de un millón setecientos mil años (1,7 Ma.) hasta unos 30.000 años (30 ky.).

En 1905 se encontró en Mauer (Alemania) cerca de Heidelberg, una mandíbula que tenía casi 500.000 años de antigüedad y que era claramente humana. Era muy robusta y se decidió asignarla a una especie humana nueva: Homo heidelberguensis. Durante todo el siglo XX fueron apareciendo más restos de esta especie: Bilzingsleben (Alemania), Boxgrove (Inglaterra), Aragó (Francia), Petralona (Grecia) o la Sima de los Huesos (en Atapuerca, España), son algunos célebres ejemplos de yacimientos que han dado restos humanos de esta especie. Destaca sobre manera la Sima de los Huesos, por haber proporcionado casi 4000 restos fósiles, entre los que se incluyen los tres cráneos más completos del registro fósil mundial; una de las tres pelvis más antiguas conservadas íntegramente, además, en este yacimiento están representados absolutamente todos los huesos del cuerpo humano. De momento se han identificado un número mínimo (nmi) de 28 individuos, de modo que se ha podido hacer un estudio comparado de una población del Pleistoceno Medio.
1.3.- Los homínidos de África del Sur

En 1924 unos mineros le presentaron a Raimond Dart, un anatomista australiano afincado en Sudáfrica, un fragmento de roca que contenía el cráneo de un niño hallado en la localidad sudafricana de Taung. Como era evidente que pertenecía a un espécimen infantil de ahí que pasara a ser conocido popularmente como: El "Niño de Taung". Dart se percató que no pertenecía a ninguna especie humana, sino que era mucho más antiguo, y acabó atribuyéndolo a: Australopithecus africanus (literalmente: mono austral africano o mono de Africa del Sur) [4]. De su análisis del cráneo dedujo, por la posición del foramen mágnum, que se trataba de un ser bípedo. El foramen mágnum es un orificio por el que se une el cráneo con la columna vertebral y que en los seres bípedos ocupa una posición más hacia la base del cráneo, mientras que en los cuadrúpedos, al tener la columna en posición horizontal, se sitúa más hacia la parte posterior del cráneo.

En un principio Dart tuvo grandes problemas con la comunidad científica que, en su casi totalidad, no aceptó sus teorías básicamente por dos razones. Una era de orden conceptual y estaba marcada por la reticencia connatural de la comunidad científica a aceptar de entrada este tipo de propuestas y por otra parte el panorama intelectual de la evolución humana estaba dominado en esa época por el paradigma propuesto por el Hombre de Piltdown: un cráneo humano con mandíbula de simio. Como el ejemplar de Dart no se adaptaba a ese esquema era rechazado. Además, por increíble que pueda parecer, el papel de los prejuicios también tenía su peso: ¿cómo aceptar que el origen de la humanidad estaba en Africa y no en Europa? Y por si todo esto era poco: hacían falta más ejemplares. Estos no aparecieron hasta 1936 cuando Robert Broom halló en la cueva de Sterkfontein, cerca de Johannesburgo, más restos craneales de A. africanus. En 1947 se descubren nuevos restos de africanus en Makapansgat. Después de haber pasado por un duro ostracismo Dart quedaba rehabilitado. En efecto, quienes habían sostenido que el "Niño de Taung" era una forma aberrante de primate tuvieron que rectificar y reconocer que se trataba de una nueva especie. Algunos incluso admitieron que eran los precursores del género humano. Además, en 1947 se descubría que el Hombre de Piltdown no era más que un fraude, una inmensa patraña.

Pero Broom no sólo encontró más fósiles de africanus, sino que también halló restos de una nueva especie de homínido: Australopithecus robustus (aunque hay quienes lo engloban en un género diferente: Paranthropus robustus, término acuñado por Broom en 1938 tras hallar en Kromdrai y Swartkrans restos de este tipo). El nombre específico (robustus) despista un poco, pues de cuello para abajo seria, más o menos, como un chimpancé actual.
2. La segunda generación
2.1.- Los parántropos y los primeros Homo

A partir de finales de los años cincuenta del siglo pasado los yacimientos tanzanos de Olduway acapararon la atención del mundo. En efecto, en ellos se realizaron los descubrimientos más importantes de aquella época. Después de más de dos décadas de arduo, e infructuoso trabajo, Louis y Mary Leakey encontraron en 1959 los restos de un Paranthropus (literalmente: "al margen del hombre") boisei (nombre específico puesto así en homenaje a su mecenas) [5], cuya antigüedad fue datada en 1,8 Ma..

Pocos meses después (concretamente el dos de noviembre de 1960) la fortuna volvió a sonreír a los Leakey, pues hallaron, también en Olduway, los restos fosilizados de la especie humana más antigua encontrada hasta la fecha: Homo habilis, con casi 2 Ma. Le llamaron así porque sus restos aparecieron cerca de unas herramientas, ciertamente, "rudimentarias", no muy lejos de las cuales ya habían aparecido antes los boisei, pero cuya dificultad en la fabricación no casaba con el aspecto arcaico de estos.

La década se caracterizo por un debate entorno al auténtico estatus de habilis, pues no dejaba de ser cierto que los pocos restos hallados de su esqueleto post craneal recordaba al de los Australopithecus. Un debate que se mantiene vivo en nuestros días.

En 1967 Yves Coppens y Camille Arambourg, encontraban en un yacimiento del río Omo (en el sudoeste de Etiopía) los primeros restos de una nueva especie de Paranthropus la que llamaron: aethiopicus. Se trataba de una mandíbula que tenía unos 2,6 Ma. Todos los Paranthropus se caracterizan por tener una notoria cresta sagital (una cresta ósea afilada situada en la parte superior central del cráneo y que lo recorre desde la parte anterior hasta la posterior, confiriendo al sujeto un cierto aspecto punkie) cuya finalidad era la de servir de punto de anclaje o inserción a una poderosa musculatura destinada a mover una mandíbula notoriamente robusta que permitía masticar alimentos muy abrasivos. Los Paranthropus también comparten unos arcos zigomáticos (los huesos que forman los pómulos) muy pronunciados, de tal suerte que hacían que los pómulos sobresalieran mucho hacia el exterior de la cara.
2.2.- Lucy. El homínido más famoso

En los 70 la estrella fue "Lucy". Se trata de una hembra de Australopithecus afarensis (así llamada por haber sido encontrada, en 1974, en la localidad etíope de Hadar, en el país de los Afar). Con sus 3,2 Ma. fue, en su momento, el homínido más antiguo conocido, de ahí que sus descubridores le llamaran la "madre de la humanidad". La reconstrucción de su cadera, así como otros detalles (tales como la forma del cuello del fémur o los huesos de los pies) permitió determinar que ya era un ser claramente bípedo. La buena fortuna ha querido que se pudiera encontrar más de la mitad de su esqueleto. Un año más tarde se encontraron restos de once afarensis más, grupo coloquialmente conocido como: "la primera familia" [6]. Lamentablemente la guerra que se desató a partir de 1976 entre Somalia y Etiopía, y que tuvo como escenario el desierto etíope de Ogadén, cuyas estribaciones occidentales no están muy lejos de Hadar, impidió que el equipo de investigación que trabajaba en aquella zona (y que estaba dirigido por Donald Johanson, Tim D. White e Yves Coppens) no pudiera volver a trabajar hasta pasado un buen tiempo.

A finales de la década de los setenta el árbol genealógico de la evolución humana era muy simple: Australopithecus afarensis era el homínido más antiguo que se conocía y habría dado lugar a africanus por un lado (que habría generado a los Paranthropus, una rama evolutiva extinta) y a Homo habilis por otro; éste habría generado a Homo erectus que habría dado lugar a los neandertales por un lado (que se habrían extinguido sin dejar descendencia) y a nosotros: los Homo sapiens. Y ya está. Esto era todo. Así de sencillo. Pero la misteriosa trama de la evolución human guardaba muchísimas sorpresas a los investigadores. Sorpresas que no tardarían en ir apareciendo.

Los ochenta vieron el resurgir del apellido Leakey. En efecto, en agosto de 1984, hace por lo tanto 22 años, Kamoya Kimeu, uno de los más famosos miembros de "la banda de los homínidos", encontró en Nariokotome (en la orilla este del Lago Turkana, en Kenya) el esqueleto de un muchacho que tenía 1,6 Ma. El llamado "Niño de Nariokotome" o "Turkana Boy", murió, probablemente cuando tenía 11 años. En el momento de su muerte ya medía más de un metro sesenta, y, posiblemente, una vez hubiera completado su desarrollo podría haber alcanzado el metro ochenta. Su esqueleto muestra una anatomía grácil que recuerda a la nuestra. ¿A qué especie asignarlo? Richard Leakey decidió nombrarlo: Homo ergaster (que significa: Hombre trabajador).
3. La década de los noventa
3.1.- En busca de las raíces

Los noventa marcaron un nuevo impulso en los trabajos paleoantropológicos. En efecto, la paz entre Etiopía y Somalia permitió el regreso de los investigadores a aquél país y los frutos no tardaron en aparecer. El 17 de diciembre de 1992 el equipo codirigido por Tim D. White (el paleontólogo estrella de esta década gracias a sus excepcionales descubrimientos) Gen Suwa y Berhane Asfaw, encontró un diente de homínido en un yacimiento, Aramis, del curso medio del río Awash en Etiopía. Posteriormente hallaron medio centenar de fósiles de homínido, pertenecientes a un número mínimo de 17 individuos, mezclados con 600 restos de otros animales. Como los huesos de los homínidos presentaban numerosas fracturas cabe suponer que fueron el festín de grandes carnívoros.

Los restos tenían una antigüedad de 4,4 Ma. la evidencia más antigua que se tenía de la existencia de homínidos. Inicialmente se les asignó al clado Australopithecus ramidus [7]. Sin embargo presentaba un conjunto de características: grandes caninos y un fino esmalte dental, los homínidos tienen caninos pequeños y un esmalte dental grueso, así como la forma del cráneo que les asemejaban más a los chimpancés que a Lucy. Esto hacía sospechar a los investigadores que no se trataba de una simple especie más de australopiteco. Sin embargo no parecía ser un antropoide. Como señaló Berhane Asfaw, esta especie ya se había separado de los grandes simios y había comenzado a evolucionar hacia lo que serían los humanos. Por esto, en 1995 le cambiaron el nombre y crearon un nuevo género para estos fósiles: Ardipithecus ramidus. Ardipitecus significa "primate del suelo" y ramidus "raíz", resaltando así que sus descubridores consideraban que se hallaba en la base o raíz del árbol genealógico de los homínidos.

Aunque hoy la zona del Awash es un lugar muy árido y semidesértico, hace 4,4 Ma. era una zona boscosa. Si, efectivamente, los ardipitecos eran homínidos bípedos, entonces hay que replantearse todos nuestros conocimientos y suposiciones hasta la fecha relativas al origen del bipedismo. En efecto, tradicionalmente se venía sosteniendo que el bipedismo, uno de los rasgos distintivos de los homínidos, se habría generado en la sabana cuando la selva tropical se hubiera retirado dando lugar a un paisaje de sabana; o cuando las zonas boscosas subtropicales se hubieran reducido generando los claros en un hábitat semiboscoso dominado por la sabana, de modo que los primates que ocupan esos hábitats debieron de haberse adaptado a las nuevas circunstancias evolucionando hacía el bipedismo como medio de locomoción para desplazarse entre los claros a fin de ir de bosquecillo en bosquecillo. Junto al bipedismo habrían retenido, aún, la habilidad para trepar a los árboles, a fin de pernoctar en ellos buscando refugio frente a los grandes depredadores. Sin embargo, si ramidus ya era bípedo toda esta teoría sobre el origen del bipedismo se viene abajo. Y todos los indicios parecen apuntar en una misma dirección: la bipedestación surgió entre los homínidos cuando estos todavía habitaban un medio denso en árboles, de modo que el bipedalismo no fue una respuesta adaptativa al surgimiento de la sabana pues ya existía como medio eficaz de locomoción entre los homínidos hasta casi tres millones de años antes de que la sabana hiciera su aparición en las zonas geográficas que ocupaban los homínidos.
3.2.- Abel. El australopiteco del Chad

El siguiente homínido que irrumpió en los noventa fue Abel. Con 3,5 Ma. sorprendió a toda la comunidad científica por tratarse de un ejemplar de Australopithecus encontrado en la localidad chadiana de Bahr el Ghazal. Por este motivo el director del equipo que lo descubrió, Michel Brunet (director del laboratorio de paleontología humana de la Universidad de Poitiers, Francia), decidió englobarlo en un nuevo género de australopitecino que llamó: Australopithecus bahreghazali [8] . Abel fue hallado en 1995 y dado a conocer en 1996. Aunque sólo se trata de una mandíbula que incluye siete dientes y pese a que hay quienes no aceptan que se trate de una especie propia de australopiteco sino que consideran que debió ser una variante local de Australopithecus afarensis, Abel presenta el dato sorprendente de haber sido encontrado a 2400 km al oeste de las zonas habituales de Etiopía y Kenya en las que venían hallándose los ejemplares de australopiteco del Africa centro oriental. Tanto si Abel es un bahrelghazali como si es un afarensis su hallazgo demuestra que hace tres millones y medio de años los australopitecos habían experimentado una radiación, probablemente a partir de África centro oriental, que les había llevado a superar la barrera geográfica que representa el Valle del Rift y se habían extendido, por lo menos, hasta los actuales territorios del Chad. A raíz del hallazgo de Abel surgieron dudas sobre hipótesis sobre el origen local de los Australopithecus.
3.3.- El australopiteco del Lago Turkana

En 1995 se dio a conocer el descubrimiento de una nueva especie de australopiteco: A. anamensis [9] que, con sus 4,2 Ma. de antigüedad es, a día de hoy, el ejemplar más antiguo de este género de homínidos. Sus restos fueron encontrados en Kanapoi y Allia Bay, ambos a orillas del Lago Turkana. Allí, el equipo dirigido por Meave Leakey (directora de la división de paleontología de los Museos Nacionales de Kenia, en Nairobi) y Allan Walker (profesor de antropología y biología en la Universidad estatal de Pennsylvania, EEUU.) encontrarían una mandíbula con claros rasgos arcaicos que acerca a anamensis a los chimpancés, pues dicha mandíbula tiene tendencia a parecer una U, como la de los simios citados, mientras que la humana tiene forma de V.

Sin embargo, la tibia que se halló aleja a anamensis de los chimpancés. En efecto, la tibia de estos tiene una forma de "T". En cambio la tibia de anamensis, al igual que la de los humanos, se ensancha en la parte superior del hueso a fin de albergar una mayor cantidad de tejido esponjoso, cuya finalidad es absorber el esfuerzo del desplazamiento bípedo. De hecho la tibia de anamensis guarda una gran similitud con la de los afarensis, sólo que es la friolera de un millón de años más antigua.

El húmero de anamensis también presenta rasgos muy modernos. Los grandes antropomorfos africanos (gorilas y chimpancés) se desplazan mediante un tipo de locomoción cuadrúpeda muy específica: apoyan sus extremidades anteriores sobre las falanges intermedias de los dedos (no sobre los nudillos, como suele decirse con cierta frecuencia). Este manera de desplazarse recibe el nombre técnico de "knuckle walking" y produce un efecto muy singular en el húmero. En efecto, produce la aparición de un hoyo oval en la parte inferior del húmero, justo en el lugar en el que encaja el cúbito; haciendo, de este modo, más firme la articulación con el codo. Es evidente que los humanos, por no desplazarse así, carecemos de dicho hoyo; pues bien, los anamensis tampoco. Esto constituye una prueba más a favor de que estos australopitecos ya eran unos bípedos eficaces.

En 1998 se dieron a conocer más fósiles de anamensis [10]. Y este mismo año 2006 se ha anunciado el descubrimiento de más ejemplares de esta especie, con la peculiaridad de haber sido encontrados en yacimientos etíopes y no keniatas, muy cerca de donde se habían descubierto los restos de Ardipithecus. Así, pues, volveremos a hablar más adelante de los Australopithecus anamensis [11].
3.4.- Garhi: ¿La gran sorpresa?

El último australopiteco que se ha incorporado, de momento, a la familia de los homínidos es garhi. En 1997 el equipo de Tim D. White y Berhane Asfaw encontró (en el yacimiento de Hata beds, en la localidad de Bouri) en el curso medio del río Awash (cerca de donde fueron hallados los restos de ramidus) un cráneo de 2,5 Ma. Su volumen endocraneal es de 450 cc., nada mal para ser un australopitecino de esa antigüedad. Sus dientes eran parecidos a los de los primeros seres humanos, que tienen una edad similar, pero la mitad inferior de su cara es prominente como la de los grandes simios, guardando un gran parecido con la de afarensis. Su cráneo es tan extraño que ha llevado a sus descubridores a bautizar con el nombre de garhi a esta nueva especie de australopiteco. Garhi significa "sorpresa" en afar. El descubrimiento fue dado a conocer en 1999 [12].

Pero la sorpresa más grande de garhi es que apareció relativamente cerca de unos restos fósiles de caballo, antílopes y otros animales, que mostraban trazas en sus huesos propias de las marcas que deja una herramienta lítica cuando descarna el hueso. Una mandíbula de antílope tiene unas marcas que sugiere que fueron hechas cuando se le extrajo la lengua. Uno de los huesos de un antílope fue abierto por los extremos probablemente con la finalidad de extraerle el tuétano, una de las partes más nutrientes. De confirmarse estos datos se tratarían de pruebas de consumo de carne por parte de los australopitecos. Pero, y esto es lo más importante, también confirmaría que usaban herramientas de piedra, y la pregunta lógica sería plantearse si también las producían.

El descubrimiento de unos huesos de la pierna y otros del brazo sugieren que garhi tenía las extremidades superiores tan largas como las inferiores. Algo que contrasta tanto con los humanos (que tienen más largas las inferiores) como con los demás australopitecos (que tienen más largas las superiores). Esto significaría que en la historia de la evolución humana el alargamiento de las piernas precedió al acortamiento de los brazos. Pero se ignora por qué esto fue así. De todas formas aún se ha de confirmar que los huesos de los brazos y las piernas a los que hemos aludido pertenezcan incuestionablemente a garhi.

También está por confirmar que sean los primeros en fabricar herramientas, puesto que podrían haber sido hechas por Homo habilis u Homo rudolfensis.
3.5.- Homo antecesor y Homo cepranensis

Durante la década de los noventa en España se produjeron descubrimientos muy importantes. Uno de los que merece mayor atención es la propuesta de una nueva especie humana, por parte del equipo de Atapuerca. En efecto: el 8 de julio de 1994, la paleontóloga Aurora Martín descubrió un diente humano en el nivel TD 6 del yacimiento de la Gran Dolina (desde entonces el lugar en el que apareció se llama Estrato Aurora). El diente tenía una antigüedad que rondaba los 800.000 años y era, por entontes, el resto humano más antiguo hallado en Europa. Aquella mañana, en medio de una gran excitación, aparecieron más fósiles humanos pertenecientes a un número mínimo de seis individuos. Dos murieron con tres o cuatro años. Otro lo hizo cuando tenía entre 9 y 11. Otro tendría unos 13 o 14 años cuando falleció y dos tenían menos de 20 años en el momento de su óbito. Pero... ¿Cuál fue la causa de su muerte? Atapuerca guardaba una gran sorpresa: las marcas de origen antrópico (es decir: provocadas por otros humanos) que aparecían en sus huesos sugerían que eran las víctimas de un holocausto caníbal, el más antiguo conocido hasta la fecha. ¿Por qué se los comieron? ¿Lo hicieron por motivos "religioso", digamos que, por ejemplo, para conservar en ellos a sus espíritus? ¿O más bien se trató de un acto de antropofagia por pura y simple hambruna? ¿O quizás fue por causas higiénicas, tales como evitar la descomposición de los cadáveres y de paso evitar que acudieran grandes predadores? Y... ¿Quiénes se los comieron? ¿Miembros de la misma especie o humanos de una especie distinta? De momento no se pueden responder a todas las preguntas, pero el hecho de que estos huesos humanos fueran tratados del mismo modo que los demás animales (de hecho aparecieron mezclados entre ellos) apunta a la idea de que estos humanos fueron un alimento más en la dieta de quienes se los comieron.

Los restos aparecidos en el nivel 6 de la Trinchera Dolina (TD) han sido asignados a una nueva especie humana: Homo antecesor [13] , cuyo origen estaría en África pues, siempre según la teoría de sus descubridores, procedería de allí al haber surgido a partir de Homo ergaster (del que ya hemos hablado). Pero este punto, clave en su genealogía, aún no ha sido confirmado empíricamente con el hallazgo de restos de Homo antecessor en Africa.

Lo que sí parece estar más sólidamente fundamentado es que estos antecessor serían los predecesores directos de los humanos hallados en la Sima de los Huesos, a pocos metros de la Gran Dolina: los Homo heidelberguensis; quienes, a su vez, habrían dado lugar a los neandertales.

El mismo año en el que se descubría Homo antecessor en España en Italia aparecía un cráneo humano de entre 800.000 y 900.000 años, en la provincia de Frosinone (89 km. al sudeste de Roma). El descubrimiento se produjo durante unas obras en la carretera y el trabajo científico corrió a cargo del arqueólogo Italo Biddittu. La reconstrucción del cráneo duró un año. En un principio se le consideró un ejemplar de Homo erectus europeo, posteriormente se planteó la posibilidad de que fuera un antecesor; pero, finalmente, se le ha englobado en una especie nueva: Homo cepranensis [14].

Como puede verse, a medida que se iban haciendo descubrimientos se proponían nuevas especies. Esto ha sido una constante en esta rama de la ciencia que ve como sus militantes se dividen entre los partidarios de nombrar muchas especies y los que son más bien del parecer de intentar hacer grupos más amplios que incluyan distintas formas representativas de una amplia variedad intraespecífica.

Notas

[1] Heráclito de Éfeso siglos VI y V a. de C. (probablemente -544/-484) es un buen ejemplo. Así según el testimonio de Plutarco, el efesio afirmaba que: "anduve buscándome a mí mismo" (Fr. 101, Plutarco, adv. Colot. 20, 1118c)

[2] Gamble, Clive: Gibraltar and the Neanderthals 1848-1998 ; Journal of human Evolution, Vol. 36, pp. 239-243, 1999.

[3] Nombre tomado de Aldous Huxley; quien opinaba que el eslabón perdido debía ser algo intermedio entre el hombre y el mono y por ello le llamo: Pithecanthropus; y, naturalmente, no debía hablar (alalus). A este respecto cabe recordar las palabras de Ralph L. Holloway: "Nunca podremos saber si los Australopithecus, Homo erectus, homo habilis o los neandertales podían hablar, sino es que se inventa alguna cosa que nos permita viajar al pasado"; Diari Avui, 17 de noviembre de 2001, p. 34.

[4] El texto de su estudio sobre el cráneo de Taung y sus consideraciones sobre Australopithecus africanus las publicó en la revista científica Nature. Cf. Raymond A. Dart: Australopithecus africanus: The man-ape of South Africa ; Nature, Vol. 115, nº 2884, pp. 195-199, 7.II.1925.

[5] Aunque primero le llamaron Zinjanthropus boisei. Zinjanthropus significa: "hombre de África oriental".

[6] Representando al grupo más numeroso y antiguo de homínidos hallado juntos hasta ahora.

[7] Cf. T.D. White, G. Suwa & B. Asfaw: Australopithecus ramidus, a new species of hominid from Aramis, Ethiopia ; Nature, Vol. 371, pp. 306-312, 1994.

[8] M. Brunet et al.: The first australopithecine 2,500 kilometres west of the Rift Valley (Chad); Nature, Vol. 378, pp. 233-240; 1995. Cf. También M. Brunet et al.: Australopithecus bahrelghazali, une nouvelle espèce d'Hominidé ancien de la région de Koro Toro (Tchad). C. R. Acad. Sci. Paris , Ser. IIa 322, 907-913, 1996.

[9] Cf. M.G. Leakey, A.C. Walker, C.S. Feibel & I. McDougall: New four-million-year-old hominid species from Kanapoi and Allia Bay, Kenya ; Nature, Vol. 376, pp. 565-571, 1995. Cf. también M.G. Leakey & A.C. Walker: Antiguos fósiles de homínidos en África; Investigación y Ciencia, agosto de 1997, pp. 70-75.

[10] M.G. Leakey, A.C. Walker, C.S. Feibel, I. McDougall & C. Mark: New specimens and confirmation of an early age for Australopithecus anamensis ; Nature, Vol. 393, pp. 62-66, 1998.

[11] Para un conocimiento detallado de la morfología de anamensis ver M.G. Leakey, A.C. Walker & C.V. Ward: Morphology of Australopithecus anamensis from Kanapoi and Allia Bay, Kenya ; Journal of Human Evolution 41, 235-368, 2001.

[12] B. Asfaw , T. D. White, O. Lovejoy, G. Suwa et al.: Australopithecus garhi: A new species of early hominid from Ethiopia. Science, 23 de abril de 1999, Vol. 284, nº 5414, pp. 629-635. Cif. También J. Desmond Clarck, Tim D. White et al.: Envairoment and behavior of 2.5-million-year-old Bouri Hominids; Science, 23 de abril de 1999, Vol. 284, nº 5414, pp. 625-629.

[13] J.M. Bermúdez de Castro, J.L. Arsuaga, E. Carbonell, et. al.: A hominid from the Lower Pleistocene of Atapuerca, Spain: Posible ancestor to neandertals and modern humans ; Science 276, 30 de mayo de 1997, pp. 1392-1395.

[14] Francesco Mallegni, et. al.: Homo cepranensis, sp. Nov. And the evolution of African-European Middle Pleistocene hominids ; Comtes Rendus Palevo, 2003, vol. 2, nº 2, pp. 153-159.