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Don Sigmundo Freud:



Es evidente que Freud no pudo demostrar nada y que su psicoanálisis quedó como teoría, pero no como una más. Los poderes verdaderos la ensalzaron , la exportaron, la repitieron como verdad indiscutible: el corazón del hombre - resumamos - está dividido entre una tendencia a la vida (Eros) y otra a la muerte (Thánatos o Azánatos). Freud, con visión práctica, llevó la lucha de clases al interior del alma.

Y todavía hizo algo más grave (no digo ni mejor ni peor, sólo grave), considerar y enseñar que el hombre desconocía sus propios sentimientos sobre algo y hasta sus propios pensamientos para el mundo en que vivía. Levantó, antecedente del muroi de Berlín, una muralla entre nuestro conocimiento consciente y nuestro inconsciente que, normalmente, no solía estar de acuerdo con nuestra consciencia y llegaba a bloquear la personalidad entera, sumiéndola en la enfermedad.

Como decían los viejos médicos ateos del siglo pasado, y Maurois los describe bien, «hemos abierto a toda clase de hombres y no hemos encontrado el alma.» Desde Freud, se han abierto millones de personas y tampoco han localizado su subconsciente, ese depósito, generalmente malvado, de envidias, frustraciones, odios y tendencias a lo brutal.

Si a un hombre se le convence, muy científicamente, de que no se conoce, de que lo más importante de sí mismo, sentimiento y razón, yace enterrado en lo más profundo, censurado por nuestra propia educación. Nos hizo desconocidos ante nosotros mismos y quien no se conoce, quien cree que está siempre pisando terreno resbaladizo, es un firme candidato a hombre engañado, a hombre dispuesto a dejar de serlo.

Inútil decir, naturalmente, que desde esos presupuestos, el Dr. Freud no podía más que ser un darwinista, un convencido de la evolución que, también sin pruebas, había ido añadiendo capas y capas de conciencia sobre un cerebro caprichoso y sólo atento a la satisfacción inmediata de sus necesidades: el cerebro primitivo. Sólo la educación, y especialmente la religiosa, con su concepto de pecado, nos mantenía en cierto estado de civilización. Si bien, desde que estas teorías alcanzaron fama mundial, el crecimiento de la delincuencia ha sido exponencial, y muchas familias y sociedades han enseñado, han predicado, que el hombre no es culpable de nada, sino su subconsciente malvado. Aún hoy quedan psicólogos que echan la culpa a la sociedad de los conflictos individuales del comportamiento, a los padres achacándoles la consolidación de dos complejos que han hecho fortuna: el Complejo de Edipo (celos del niño hace el padre, por su madre) y el de Electra, envidia del pene por parte de la niña.

Lo más importante es, sin embargo otra cosa: Freud y sus seguidores, niegan pues el libre albedrío y la voluntad humana. Quien lo crea, será pasto de la mentira.

Ni el Libro Negro del Psicoanálisis, El Libro que mata a Freud, ni el complejo de Edipo, ni la elaboración de duelo tienen base científica. Psicólogos, expertos y pacientes las emprenden contra el siquiatra austríaco. Los mitos sobre la homosexualidad. Adelanto exclusivo para Chile del Libro Negro del Psicoanálisis.