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La autonomía de la ciencia



El desarrollo de la ciencia moderna y contemporánea trajo la necesidad de reclasificar los saberes y de reconocer el ámbito legítimo de acción de cada uno. Ello ha planteado un tema específico: la autonomía de las ciencias. Con ello se entiende que cada ciencia posee leyes, campos y métodos que las diferencia y que deben ser respetados. También puede entenderse algo más exigente: la negación de toda relación de subordinación o dependencia de las ciencias respecto de otras formas de saber como la Religión, la Filosofía, la Teología, la Política, o creencias derivadas de esos saberes. La ciencia solo aceptará lo que provenga de los métodos y principios de la ciencia misma.

Lo anterior llevó a plantear así el asunto: no es aceptable la autonomía externa, cosa que equivaldría, de aceptarse tal autonomía, a absolutizar la ciencia, lo cual es no solo anticientífico, sino fuente de conflictos y abusos. El científico y por ende la ciencia debe respetar leyes, derechos humanos, deberes éticos. Se justifica poner límites éticos y sociales a la actividad del científico. Por ejemplo, es justo prohibir la experimentación con seres humanos; los derechos y deberes humanos están por encima de la experimentación científica; la familia merece respeto como fundamento de la sociedad, etc.

En cuanto a la autonomía interna, lo que se examina es lo siguiente: hay la conformación intrínseca de la ciencia y la relación de dependencia del saber científico con respecto a otros saberes de superior alcance, de mayor grado de abstracción o de mayor universalidad; por ejemplo, el saber teológico, metafísico o político. ¿Es que cada ciencia por sí misma debe dar razón de los principios en que se funda y de los métodos que emplea? ¿Debe, más bien, encomendar tan fundamental tarea a una clase superior de saber? Con respecto a esta cuestión se pueden señalar cinco etapas históricas:

1.- Epoca antigua y medieval: se reconoce la diversidad de ciencias con métodos propios y se afirma que corresponde a la metafísica, en cuanto ciencia primera, dar razón de las demás. Además, el cuerpo de los saberes forma unidades sistemáticas.

2.- Epoca de la ciencia clásica: corresponde al siglo XVII, aunque sus inicios vienen de siglos anteriores. Se establece una precisa y definida relación de dependencia de la ciencia con respecto de la Filosofía. Por ejemplo, Galileo y el principio filosófico de la simplicidad o economía; Kepler establece las condiciones de inteligibilidad de una teoría científica; Newton define las nociones filosóficas de espacio absoluto y tiempo absoluto que tienen clara y precisa aplicación mecánica; Leibniz ofrece el cálculo infinitesimal vinculado a una teoría filosófica del infinito; Descartes presenta su árbol de la ciencia, cuyas raíces son la metafísica, su tronco la física y las ramas las ciencias principales. Por ello la época clásica se caracteriza, en su origen, por el establecimiento de una explícita relación de dependencia de la ciencia con respecto a ciertos principios y conceptos cuyo fundamento es de carácter filosófico.

3.- Desarrollo de la ciencia clásica: se caracteriza por la búsqueda metódica de la independencia de la ciencia respecto de la Filosofía, siglo XVIII; Laplace ilustra esta época: se esfuerza por depurar los métodos científicos y por cortar todo vínculo con la Filosofía.

4.- Culminación de la ciencia clásica: en el siglo XIX la anterior búsqueda de independencia de la ciencia se torna en la proclamación del dogma de la independencia de la Ciencia, que se escribirá con mayúscula.

Se le advierte al científico: físico, cuídate de la metafísica. Se vive la soberanía de la ciencia.

5.- La ciencia de hoy: surge lo imprevisto. Habiéndose liberado la ciencia de todo compromiso con la Filosofía, la ciencia de hoy se ve acosada por interrogantes filosóficos que surgen de su propio quehacer. Son algunos científicos de hoy los que se ven obligados a escribir cuestiones de ciencia y de filosofía. La Filosofía –y otras cuestiones– le surgieron por dentro a la ciencia (¿De lo que huyes serás perseguido?).

Sobre todo en el campo de las ciencias físico-químicas han surgido interrogantes sobre los conceptos de causalidad, azar, simetría, complementariedad, etc., cuestiones que deben plantearse y discutirse en el campo filosófico.

Todo lo anterior muestra que la ciencia tiene historia, y que los científicos al pretender proclamar la autonomía de la ciencia, en realidad se movían prejuiciados: su propósito ocultaba el deseo de alcanzar un saber exclusivo de tipo racionalista; es decir, un saber que fuera capaz de agotar el conocimiento de la realidad mediante una única ciencia empírica o deductiva –según los casos–, con lo que de paso pretendían suplantar nada menos que toda religión y toda filosofía. Eso ha sido superado y dejado atrás. Es propósito desmesurado, sin fundamento científico, hijo del prejuicio y, quizá, de la mala voluntad contra el debido respeto a la Filosofía, a la Religión y a la Teología.

* Guillermo Malavassi: Catedrático por cuarenta años de Historia del Pensamiento, ex Ministro de Educación de Costa Rica (1966-1969), ex Diputado (1982-1986), cofundador de la Universidad Autónoma de Centro América (1975-1976), Rector de ella desde su fundación en 1976; autor de varios libros y muchos artículos; comentarista radial del programa PANORAMA desde 1982. Comendador de la Orden Civil "Alfonso El Sabio"; Grand’Ufficiale Dell’Ordine al Merito della Repubblica Italiana; Oficial en la Orden de las Palmas Académicas de la République Francaise; "Galardón Democracia y Libertad" de la Cámara de Comercio de Costa Rica (1990); Académico Honorario de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas; Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Centro América con la mención de Magnvs Docendi Libertatis Defensor.