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«Ni uno sólo renegó de su fe»



Se podría decir que la vida del sacerdote don Jorge López Teulón ha estado marcada por las vidas de los mártires de la persecución religiosa en España durante la República y la Guerra Civil. De pequeño, fue testigo de la amistad entre su párroco y el hombre que había matado al padre de éste, por haber escondido a un sacerdote en su casa. Desde entonces, las vidas de los mártires han sido su fuente de inspiración hasta que, hace cinco años, se le encargó la coordinación de los mártires de las diócesis de Castilla la Mancha y Ávila, novecientos mártires en total, de los que, casi cien, serán beatificados el próximo 28 de octubre, en Roma


—¿Cuánto tiempo lleva trabajando en esta gran Causa de beatificación?

—Cuando se reabre la Causa de don Liberio González Nombela y doce compañeros mártires, yo estaba en el Seminario Menor de Toledo. La primera referencia de este Proceso es del 6 de septiembre de 1963 (el grupo era entonces de 30 mártires). Luego se obtuvo el nihil obstat, en 1990, para trece de ellos. La mayoría de los sacerdotes que trabajaron en las dos fases ya fallecieron. Hago estas puntualizaciones en el tiempo, porque así se demuestra que la historia de los mártires no es oportunista ni quiere ser réplica a la Ley de la Memoria Histórica que desea aprobar ahora el Gobierno... Luego, el cardenal Álvarez Martínez, junto a los obispos de Castilla-La Mancha y de Ávila, decidieron abrir un nuevo Proceso de casi 900 mártires. Llevamos trabajando cinco años, de forma intensa, en esta segunda Causa: pero, durante este último año hemos tenido que parar el ritmo, para poder trabajar de lleno en las próximas beatificaciones.

—¿En qué consiste exactamente su trabajo como Postulador?

—Soy Postulador de un proceso que comprende la Provincia Eclesiástica de Toledo (esto es, las provincias de la Autonomía de Castilla-La Mancha) y la diócesis de Ávila. Por decirlo en lenguaje llano, coordino el trabajo de los Postuladores de cada una de las diócesis. Teniendo en cuenta que, para la próxima beatificación, casi 100 mártires son castellano-manchegos (entre ellos, los dos obispos mártires, el de Cuenca y el de Ciudad Real), hemos trabajado juntos para difundir la santidad de nuestros mártires, algunos de los cuales ahora llegan a los altares. El trabajo de este primer quinquenio ha sido muy variado: durante casi dos años, no salí de mi casa; estuve reelaborando todo el material que recibí de los Postuladores diocesanos (además, están unidos a la Causa diferentes familias religiosas: franciscanos, agustinos, jesuitas, la Compañía de Santa Teresa), de cara al informe que se envía a la Congregación de las Causas de los Santos. Después de aquello, vino el trabajo de campo (visitar a los testigos, preparar las declaraciones ante el Tribunal, recoger el material fotográfico, publicar, en colaboración con monseñor Jaime Colomina Torner, las vidas de los mártires de Toledo (en el semanario Padrenuestro)... Todo esto es lo que se conoce como el Proceso diocesano (en este caso, interdiocesano), en el que nos encontramos inmersos.

Para la beatificación, entre otras cosas, el pasado curso se coordinó, con la editorial Edibesa, una colección de libros, y también hemos puesto en funcionamiento una página web (www.persecucionreligiosa.es)

—Ha tenido que investigar las biografías de tantos mártires... Es evidente todo lo que tienen en común, pero ¿ha encontrado alguna característica similar que le haya llamado especialmente la atención?

—Nuestro trabajo consiste en demostrar que verdaderamente hablamos de auténtico martirio; se debe investigar cuáles son los motivos por los que se le persigue, detiene y mata, o sea, que sea exclusivamente por motivos religiosos (es cuando se acuña el término in odium fidei); y, en segundo lugar, si murió perdonando a su asesino, si lo hizo en la cárcel, o camino del martirio... Lo más sorprendente es su fidelidad para entregar la vida..., que ni un solo mártir renegara de su fe. La fortaleza que tuvieron, ante martirios atroces, y la entereza con que los afrontaron en el nombre de Cristo y de la Iglesia.

—Personalmente, ¿cómo está viviendo esta tarea durante todos estos años?

—Es la primera vez que me lo preguntan y es la primera vez que lo cuento: desde pequeño, mi párroco -un sacerdote de Barcelona, mosén Jorge Boltà, que acaba de fallecer- me habló de cómo a su padre lo habían asesinado únicamente por esconder al cura del pueblo en su casa... Él había crecido sabiendo quién había asesinado a su padre. Y, en más de una ocasión, me decía: «Mira, ese señor es hijo del que mató a mi padre y siempre hemos sido amigos». Desde pequeño, he buscado conocer la historia de nuestros mártires y, luego como sacerdote, las he utilizado en la predicación. Siempre me he sentido orgulloso del ejemplo de santidad que los mártires nos dieron.

—¿Cómo responden las personas que vivieron aquellos acontecimientos y que ha tenido que entrevistar? ¿Ha sido fácil conseguir que colaboraran?

—En estos cinco años hemos recorrido toda la diócesis hablando con muchos testigos. Al principio, pensé que era un trabajo absurdo: ¿quién viviría en su juicio para narrar cosas de hacía 70 años? Bien, pues está claro que están hechos de otra pasta... Son muchos los que quedaron marcados por aquellas muertes trágicas y a los que hemos podido entrevistar: Lourdes tiene 91 años, Pepa, 90, o don Victorio que se ordenó el 27 de marzo de 1937. Mentes lúcidas que nos han hablado de sus vidas, de cómo sus vidas quedaron marcadas por aquella tragedia nacional.

A otros no les dejan declarar sus hijos o los familiares que están a su cuidado: unos por ideologías y otros por no hacerles pasar por el calvario de recordar aquellos sucesos. Pero la mayoría nos abren su corazón, mientras derraman abundantes lágrimas y explican sus recuerdos, nos muestran sus álbumes de fotos y nos refieren detalles y pistas para seguir la investigación.

—¿Cree que la gente, la sociedad en general, tiene una idea clara de lo que pasó respecto a los martirios?

No, claro que no. El desconocimiento es absoluto. El cine español, por ejemplo, se ha encargado de multiplicar los mitos contra la Iglesia... ¿Quién ha oído hablar de persecución, quema de conventos o muertes sin fin? Los libros de Ciencias Sociales (en la EGB de los años 80 ó 90, en el Ballicherato o en la ESO actual) nunca mostraban, y menos hoy, al alumno de forma imparcial lo que realmente aconteció... Luego, nosotros hemos tenido demasiados reparos para tratar el tema. Yo no entro en política ni antes ni después de la muerte de Franco..., presento a la sociedad y a nuestra propia Iglesia una persecución que comenzó semanas después de la II República (con la quema de conventos en mayo de 1931) y que terminó con el asesinato del obispo Anselmo Polanco en febrero de 1939.

—Desde que se ha metido a fondo en este tema, ¿tiene preferencia por algún mártir a quien le pide que interceda especialmente, con quien se vea más identificado, o que su vida le haya impactado especialmente?

Hay historias espeluznantes, testimonios de una fortaleza sobrenatural cuya fuerza sólo puede provenir del Espíritu Santo. Son tantos: los 900 en los que trabajo, los casi 500 ya beatificados y el grupito de canonizados, los 498 de la próxima beatificación... Sin duda, el testimonio más impresionante es de los jóvenes de 15, 17, 21, 24 años (Santiago Mosquera, Piedaíta, jóvenes de Acción Católica...) Entre los próximos beatificados, sin duda, los mártires de la comunidad de los padres Carmelitas de la ciudad de Toledo.