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Francis Collins: Dios se puede encontrar en un laboratorio



Francis S. Collins es autor del libro The Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief (2007), así como uno de los científicos actuales más respetados, y un reconocido creyente de la fe cristiana. En 2001 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica.

Usted es director del Proyecto Genoma Humano, pero parece que ha ganado una cierta notoriedad bajo el título del “científico que cree en Dios”. ¿Se siente “llamado” a representar ese papel, en este momento de la historia?

Yo no diría tanto, dado que la expresión “ser llamado” implica algún tipo de “misión” especial encargada por Dios, y sólo Dios conoce cuáles son nuestras misiones. Ciertamente, he tenido la fortuna de que se me pidiera liderar una empresa científica de importancia histórica, el Proyecto Genoma Humano, y este hecho aún hoy me maravilla. Uno de los objetivos del proyecto ha sido considerar las implicaciones éticas, legales y sociales de los rápidos avances en la investigación genética. Dado que la mayoría de los americanos son creyentes, ha resultado natural incluir algunas reflexiones teológicas en dichas consideraciones, y mi propia divagación sobre ciencia y fe podría ser considerada como parte de ese esfuerzo. Muchos científicos, como yo, creen en Dios, pero en general hemos estado más bien callados acerca de nuestras creencias. Sin embargo, creo que vivimos un momento crítico, especialmente en los Estados Unidos, frente a la decisión de cómo buscar verdad y sentido a nuestra vida ante el siglo XXI. Evidentemente, necesitaremos a la ciencia para que nos ayude a resolver muchos de nuestros problemas (enfermedades, sistemas de comunicación, cuidado del planeta). Pero una aproximación puramente materialista, desprovista del aspecto espiritual de la humanidad, nos empobrecerá. Después de todo, han existido ya en la historia intentos de este tipo que resultaron devastadores, como la Rusia comunista. Los humanos hemos comenzado la batalla entre ciencia y fe, y nos corresponde acabarla. Si puedo contribuir de alguna manera a redescubrir la armonía entre ambas, entonces me sentiré verdaderamente bendecido.

Usted ha dicho que el ADN es “la lengua de Dios”. ¿Lo dice literalmente o en sentido metafórico?

Un poco en ambos sentidos. Creo que el universo fue creado por Dios con la intención concreta de dar lugar a vida inteligente. Dado que en el ADN se encuentra la información molecular de todas las cosas vivas, se puede entender éste como el “Logos” que Dios ha usado para dar vida a los seres. No me entienda mal, es evidente que el proceso de la evolución por selección natural durante cientos de millones de años es el “cómo” que explica la maravillosa diversidad de la vida. Pero este cómo no contesta a la pregunta de “¿por qué?”. Creo que Dios es la respuesta a esa pregunta.

Como científico, usted ha probado sus suposiciones y creencias. Pero, como cristiano, usted ha dicho que ha dado “un salto de fe”. ¿Por qué estos dos caminos diferentes?

Quizá no sean tan distintos. Tanto ciencia como fe son formas de buscar la verdad. La ciencia la busca observando como funciona el mundo natural, y la fe busca respuestas a cuestiones más profundas, como ¿por qué hay algo hay en lugar de nada? o ¿cuál es el sentido de la vida? o ¿existe Dios? Todo requiere un cierto elemento de fe, no se puede ser científico si no se tiene fe en el hecho de que existe un orden en la Naturaleza y que ésta se comportará de una manera reproducible y predecible. Pero esto no constituye una prueba –aparentemente Dios tenía la intención de dejarnos tomar esta decisión. Quizá un salto de fe como éste suene arrebatado a un materialista convencido pero, ¿puede usted demostrar la belleza o el amor?

En un comentario que escribió recientemente para CNN.com, mencionó que el “40 por ciento de los científicos en activo se reconocen creyentes”. Este número me parece un poco sorprendente. ¿Es eso cierto? ¿Están muchos de ellos “en el armario”?

Una famosa encuesta realizada en 1917, y de nuevo en 1997, documentó este porcentaje acerca de las creencias de los científicos. Mucha gente se quedó sorprendida por esta estadística, y también por el hecho de que el número no hubiese cambiado durante el siglo XX. ¿Por qué no se escucha más sobre esos científicos creyentes? Existe un tabú acerca de la discusión de temas de fe en los círculos científicos, y los científicos creyentes a menudo temen que sus colegas les vean como menos rigurosos intelectualmente si reconocen que creen en Dios.

¿Cómo cultiva usted su vida espiritual? ¿Diariamente, semanalmente?

Trato de no hacer divisiones. Intento dedicar tiempo a la oración por la mañana, cuando el resto del mundo aún está en silencio. Pero también trato de mantener mi lado espiritual despierto y alerta durante el día. Tengo una Biblia en mi mesa de trabajo. Pero, para ser honesto, no soy modélico en este aspecto. A menudo me doy cuenta de que, al final del día, las inevitables urgencias cotidianas pueden con mis intenciones de ser más equilibrado. Y normalmente tampoco soy un practicante regular. Sería por tanto más justo decir que aún intento profundizar en mi relación con Dios, y que ésta es una tarea para toda la vida.

Volviendo al comentario que usted escribió para la CNN, me encanta su frase final: “A través de la investigación de la majestuosa e impresionante obra de Dios, la ciencia puede realmente ser un medio de culto”. Me pregunto si esto quiere decir que su trabajo científico, en sí mismo, alimenta su vida espiritual…

Completamente. Como científico que además es creyente, descubro en la exploración de la naturaleza una vía de comprensión de la mente de Dios. Se puede encontrar a Dios en el laboratorio, de igual forma que en una catedral.

Usted es un científico al que claramente le interesan los misterios (una palabra que he comprobado que usa a menudo) del mundo físico. ¿No dirían muchos de sus colegas de la comunidad científica que el propósito de la ciencia es eliminar el misterio tanto como sea posible?

¡Por supuesto! Pero siempre quedan más cosas por explorar. Y, según mi experiencia, desentrañar los misterios de la naturaleza aumenta el sentimiento de sobrecogimiento, más que eliminarlo. La fe es además una forma de intentar comprender los misterios profundos que la ciencia es incapaz de resolver, por ejemplo, el sentido de la vida.

¿Cree usted que resulta significativo que su libro, The Language of God, haya recibido el premio Libro del Año sobre Evangelismo 2007 por parte de la revista Christianity Today? ¿Ve usted en ello una señal de que la comunidad cristiano-evangélica se encuentra en un momento clave de cambio en lo que se refiere a la reducción de la guerra cultural contra la corriente principal de la ciencia, que tanto ha caracterizado al evangelismo moderno?

Me gustaría pensar que podría ser verdad, pero evidentemente aún muchos miembros de la iglesia cristiano-evangélica siguen desconfiando profundamente del pensamiento evolucionista, y pienso participar en un esfuerzo concertado entre científicos, teólogos y pastores para el desarrollo y la expansión de una nueva teología que festeje lo que la ciencia nos está enseñando sobre la sorprendente creación divina, en lugar de resistirse a esa información.

Los principales cambios en la cosmovisión han afectado profundamente a la teología a lo largo de la historia. Por ejemplo, la revolución copernicana nos hizo pensar de manera muy distinta sobre el cielo y su localización. ¿Qué cambios teológicos cree usted que están emergiendo a raíz de la comprensión de la creación desde la perspectiva de la evolución?

No veo conflictos irreconciliables entre el libro del Génesis y la ciencia evolucionista, dado que lo que estamos aprendiendo acerca de la relevancia de todos los sistemas vivos a través de la información del ADN nos ofrece la oportunidad de una nueva y excitante interpretación del plan de Dios en la creación del ser humano a su imagen y semejanza. Una interpretación ultra literal del Génesis, como la que acepta el Young Earth Creationism no puede reconciliarse con las verdades sobre el universo que Dios nos ha permitido descubrir. El Diseño Inteligente, una alternativa al darwinismo atractiva para muchos cristianos, es científicamente defectuosa en cosas fundamentales. Pero una teología que acepte la evolución como parte del plan para la Creación de Dios, a la que yo llamo Bios (vida) a través del Logos (la palabra de Dios), o simplemente BioLogos, puede ser respaldada por creyentes serios que no teman la búsqueda de la verdad.

En The Language of God, usted menciona que los cristianos evangélicos reaccionan de manera negativa a sus conferencias –abandonando la sala, por ejemplo-. ¿Estas reacciones han aumentado o se han reducido a partir de la publicación de su libro? Y, como creyente, ¿cómo le hacen sentir?

Sí, recibo regularmente e-mails de los evangelistas que me llaman la atención por “vender” la ciencia, o por elegir el culto a la ciencia en lugar de a Dios. He sido amenazado con la excomunión por un creyente indignado, aunque ni siquiera soy católico. Por supuesto me preocupa que la información que tanto me afecta provoque semejante resistencia en otros creyentes, gente razonable y afectiva, pero creo que estas reacciones simplemente reflejan la intensidad de la batalla actual entre las voces extremistas que han dominado las ondas de radio y las ventas de libros durante tanto tiempo. Si soy capaz de suministrar algunas bases para desarmar esta batalla, apuntando hacia la conclusión de que se puede tanto confiar en la ciencia para alcanzar verdades sobre la Naturaleza, como ver la mano de Dios en la forma en que la Naturaleza ha sido creada, entonces este esfuerzo hará que valgan la pena las disputas ocasionales.


Esta entrevista, realizada por Jon Sweeney, se publicó originalmente en inglés en la revista Explorefaith, y se publica en español con autorización del entrevistador.