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El voluntariado juvenil: “Porque sólo faltas tú”



Hace tres años, un anuncio que aparecía en un periódico de tirada nacional, invitaba a los madrileños a ser voluntario por Madrid. La frase “Porque sólo faltas tú” invitaba a muchos jóvenes a poner su granito de arena para desarrollar y seguir construyendo una ciudad que ya no conocía ni sus límites ni a sus gentes.   En el año 2000, diez millones de personas se ofrecieron como voluntarias para respaldar la campaña de inmunización de 550 millones de niños, en el marco de la Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Poliomielitis. La gran mayoría eran ciudadanos preocupados, que se presentaron voluntarios en sus propias comunidades y ofrecieron su tiempo para asegurarse de que los niños que acudían a los centros de inmunización quedaban adecuadamente registrados y recibían la vacuna oral. Se estimó que el valor total del apoyo proporcionado por los voluntarios fue de 10.000 millones de dólares, cifra que sobrepasaba ampliamente tanto las posibilidades de los gobiernos como las de las organizaciones internacionales.

      Las minas terrestres antipersonal son armas que siguen mutilando mucho después de que haya cesado el conflicto original. Su reducido precio –algunos modelos sólo cuestan 3 dólares– y su facilidad de distribución han hecho que su uso esté ampliamente difundido en zonas de conflicto de todo el mundo. Las principales víctimas de las minas terrestres antipersonal son civiles, por tanto es lógico que haya sido el activismo de voluntarios y coaliciones cívicas el que haya logrado que esas armas se consideren como moralmente inaceptables. La campaña para prohibir su uso contó con la colaboración de más de 300 millones de voluntarios de 100 países, y culminó con la firma de la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y sobre su destrucción por 122 Estados, en Ottawa, en diciembre de 1997.

 

      Los anteriores ejemplos de servicio y activismo demuestran cómo el ingenio, la solidaridad y la creatividad de millones de ciudadanos corrientes, canalizados a través del voluntariado, son elementos clave para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para aprovechar esos recursos, los especialistas en desarrollo necesitan comprender, reconocer y apoyar el voluntariado, e integrar esos conocimientos y actividades en sus planes de desarrollo, con el fin de enriquecer sus políticas y programas.       Pero, ¿qué motivaciones mueven a estos voluntarios? La persona voluntaria realiza su acción solidaria por dos tipos de motivaciones y razones principales:

  • Por razones ideológicas, éticas y morales, o de carácter religioso, que le llevan a sentir como suyos los problemas y necesidades de otros, a querer hacer algo para mejorar la sociedad, cambiar las cosas, transformar el mundo.
  • Por razones personales, por la necesidad de sentirse socialmente útil, de conocer y vivir nuevas experiencias, formarse y desarrollarse como persona, relacionarse y trabajar con otros.

      Esos dos tipos de motivaciones principales se combinan en cada persona voluntaria en distintas proporciones. La acción voluntaria significa dar (tiempo, recursos, trabajo, etc.) y también recibir (satisfacción, aprendizajes, experiencia, relaciones humanas, etc.).

 

      Existen personas cuyas motivaciones principales hacia el voluntariado son la búsqueda de prestigio social, o expectativas profesionales de futuro, o el afán de poder e influencia social, u otras de carácter más egoísta. Pero a nosotros nos parece que la acción voluntaria tiene que ver, fundamentalmente, con los dos primeros tipos de motivaciones que hemos mencionado, y, si no es así, nos parece discutible hablar de voluntariado. En todo caso, una persona voluntaria evitará realizar tareas que deben y pueden ser realizadas por trabajadores profesionales, sirviendo de mano de obra barata u ocultando situaciones de trabajo no declarado. “Todas las personas que hacemos labores de voluntariado ya tenemos unos valores distintos, definidos y claros”, afirma Julio Almorox, un delineante segoviano, que siempre se ha considerado una persona solidaria, con ganas de trabajar para los demás. Julio ha sido voluntario en diferentes asociaciones de ámbito nacional, pero el gran salto a África se hizo esperar hasta que por fin vio cumplirse uno de sus sueños. “Creo que ser voluntario va con la persona, con su forma de ser. Es una aptitud, yo por lo menos disfruto más dando que recibiendo, es una forma de sentirte útil…” Y valorando su experiencia, resume así su labor en Mozambique: “Una de las cosas que más me impactó fue ver a los niños y niñas ayudar en las labores de la casa desde que son muy pequeños. Acompañan a la madre por agua, a sembrar el trigo que luego comen, a cuidar de los hermanos más pequeños… Son niños con vidas de adulto […] Me doy cuenta de que ser voluntario es algo tan gratificante que no se puede explicar con palabras, lo tienes que sentir, aquí en Madrid, en Mozambique, en Bolivia, en tu vida”. El voluntariado tiene raíces comunes pero sus manifestaciones son muy diversas, y van desde las operaciones bien organizadas de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en todo el mundo, cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de las personas vulnerables movilizando las fuerzas humanitarias, hasta las actividades voluntarias de autoayuda de las sociedades funerarias comunitarias de la Zambia rural. Sin embargo, de esa diversidad surgen algunos principios universales clave del voluntariado:

    • Las actividades se llevan a cabo libremente y sin coacción.

    • El beneficio financiero no es la motivación principal.

    • Hay otros beneficiarios además del voluntario.  

      Guiándose por esos principios, se pueden determinar los cuatro aspectos predominantes del voluntariado:  

    • Ayuda mutua o autoayuda.

    • Filantropía o servicio a los demás.

    • Participación.

    • Defensa u organización de campañas.  
     

      Estos aspectos no se excluyen mutuamente y en la práctica suelen superponerse. Una organización voluntaria que proporciona asesoramiento sobre salud genésica a las mujeres puede participar también en campañas de presión para que se modifiquen las leyes restrictivas que inhiben la facultad de elección de la mujer.  

 

      El voluntariado es una actividad que todos pueden realizar. Su naturaleza es recíproca, pues los beneficios obtenidos recaen por igual en el beneficiario y en el voluntario. Reconociendo esto, en el Año Internacional de los Voluntarios 2001 se llegó al consenso internacional de que “las oportunidades de voluntariado han de estar abiertas al hombre y a la mujer, dados sus diferentes niveles de participación en distintas esferas, y admitiendo que el voluntariado puede tener una repercusión positiva en la habilitación de la mujer”.  

 

      Los voluntarios aportan diferentes aptitudes y valores, según la naturaleza de su participación. Las competencias y responsabilidades de un voluntario que trabaja en un país distinto del suyo (a menudo como miembro de una organización oficial de servicios de voluntariado) pueden ser distintas de las del voluntario de una comunidad que forma parte de un comité popular de gestión de los recursos hídricos. Es muy probable que un voluntario que abandona una comunidad para trabajar en otra parte del país aporte conocimientos, valores e ideas que son distintos de los de alguien que trabaja en su propia comunidad. Es importante lograr un equilibrio adecuado. Los especialistas en desarrollo necesitan estudiar cuál es la combinación más eficaz de contribuciones voluntarias, basándose en una evaluación cuidadosa de los objetivos y los resultados prácticos que se desea obtener.

 

      Los voluntarios se guían por un conjunto de motivaciones centradas en torno al deseo de ayudar a los demás y al mismo tiempo de ayudarse a sí mismos. Al igual que ocurre con los trabajadores remunerados, los voluntarios funcionan con más eficacia cuando tienen un objetivo claro. Sin embargo, el beneficio financiero no tiene una importancia primordial en la decisión, libremente adoptada por el voluntario, de ofrecer su tiempo. El elemento de altruismo añade valor a la labor de los voluntarios, que suele caracterizarse por un deseo de integrarse estrechamente en la comunidad a la que sirven. Esas características confieren a los voluntarios un sentido de libertad que les permite hacer frente a las desigualdades y a las estructuras de poder no democráticas.

      Con la globalización surgen nuevos riesgos y nuevas oportunidades. Esto puede conducir a la marginación de las normas sociales y culturales tradicionales y a que, en el vacío creado, a muchas personas les parezca que han perdido control o influencia sobre sus vidas. Esa impotencia puede agravarse con intervenciones de desarrollo que no tienen en cuenta las normas y conocimientos locales. Cuando parece que únicamente los que vienen de fuera poseen la sabiduría necesaria para abrirse paso a través de la nueva realidad, se crea una dependencia con respecto a los conocimientos que provienen de fuentes ajenas a la comunidad. La habilitación comienza con el redescubrimiento de que las semillas de la solución se encuentran dentro de la propia comunidad. Eso genera confianza que, a su vez, conduce a que se reconozca que la autoayuda no sólo es posible sino esencial. La acción voluntaria de personas y grupos es, por tanto, parte integrante de ese proceso de concienciación y aprendizaje.