DOMUS PERALTA

Casa de Espiritualidad en Navarra

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Ciencia y Fe: Limites de la Ciencia



La autonomía de la ciencia

El desarrollo de la ciencia moderna y contemporánea trajo la necesidad de reclasificar los saberes y de reconocer el ámbito legítimo de acción de cada uno. Ello ha planteado un tema específico: la autonomía de las ciencias. Con ello se entiende que cada ciencia posee leyes, campos y métodos que las diferencia y que deben ser respetados. También puede entenderse algo más exigente: la negación de toda relación de subordinación o dependencia de las ciencias respecto de otras formas de saber como la Religión, la Filosofía, la Teología, la Política, o creencias derivadas de esos saberes. La ciencia solo aceptará lo que provenga de los métodos y principios de la ciencia misma.





¿Puede la ciencia controlarse a si misma?

El físico alemán Otto Hahn, inventor de la fisión del átomo de uranio, se encontraba recluido en un campo de concentración inglés, junto con otros eminentes hombres de ciencia. Cuando en agosto de 1945 le llegó la noticia de que Hiroshima había sido arrasada por una bomba atómica, sintió una profundísima culpabilidad. Sus investigaciones sobre la fisión del uranio habían acabado por utilizarse para producir una terrible masacre. Tal fue su desazón que intentó abrirse las venas con los alambres de espino que rodeaban el campo.





Los mitos de una ciencia materialista

Sin duda hay algunos colegas, buenos profesionales, pero a los que, introducidos desde pezqueñines en una mentalidad materialista, les cuesta reconocer lo obvio. Recuerdo el entusiasmo con que un profesor nos explicaba la famosa ley de Haeckel, según la cual la ontogenia es una recapitulación de la filogenia. Dicho de otro modo: el proceso de formación de un ser vivo, por ejemplo la del hombre desde la concepción hasta el nacimiento, es el resumen abreviado, en nueve meses, del proceso evolutivo desde la primera célula hasta el primate, que ha durado cientos de millones de años. Este aserto, con un buen montaje de dibujos, como hizo Haeckel en su momento, podría parecer a primera vista como algo irrefutable, una ley universal bien consolidada. Y sin embargo, como se comprobó después, los diseños no eran más que una puesta en escena, una perfomance diríamos hoy, sin más valor explicativo que los propios dibujos manipulados, pero que sacó de sus casillas a más de un embriólogo empeñado en demostrar lo indemostrable. De modo parecido, aseverar que la evolución es un proceso fruto del azar y de la necesidad (Monod) es no explicar nada tratando de explicarlo todo, porque invocar la necesaria necesidad, desde el punto de vista lógico, es sencillamente una borrachera de fatuidad gramatical. Y, así, se pueden multiplicar los ejemplos de los diversos intentos cientifistas de dar una explicación cabal y global de la realidad, prescindiendo de la complejidad de lo real.