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Benedicto XVI a los jóvenes: «Al final, la vida es mucho más que el éxito»


domingo, 20 de julio de 2008


En una noche a cielo abierto presidida por la constelación de la Cruz del Sur, Benedicto XVI invitó a un cuarto de millón de jóvenes a descubrir el Espíritu Santo, «la persona olvidada de la Santísima Trinidad», y a recibir sus siete dones: la sabiduría, la fortaleza la ciencia y tantos otros que el mundo necesita de modo especial.
 
El encuentro masivo en el hipódromo de Sidney y las explanadas adyacentes tenía su magia propia, como la ha tenido cada momento de esta Jornada Mundial de la Juventud, desde la bienvenida al Papa en la espléndida bahía hasta el Vía Crucis humano por las calles de la ciudad, que ha batido récords de audiencia televisiva con quinientos millones de espectadores en todo el mundo.
 
La jornada de ayer comenzó con celebraciones de la Eucaristía por grupos nacionales. Los españoles eligieron la gigantesca sala de baile de un céntrico hotel, convertida en iglesia durante dos horas en el marco de una ciudad que lleva cuatro días convertida en la primera meta de peregrinación del mundo.
 
«Actos malvados»
 
Simultáneamente, Benedicto XVI celebraba misa con los obispos australianos y reconocía «la vergüenza que todos hemos sentido por el abuso sexual de menores cometido por algunos clérigos y religiosos en este país». El Papa reiteró que esa conducta «merece una condena inequívoca» y que «los responsables de esos actos malvados deben ser entregados a la Justicia» mientras se atiende a dar «consuelo a las víctimas» y a «promover un ambiente más seguro para los jóvenes».
 
En la Eucaristía presidida por el cardenal Antonio María Rouco Varela y concelebrada con 17 cardenales y obispos, el arzobispo de Madrid invitó a los cinco mil peregrinos españoles a impregnarse de la «universalidad de la Iglesia» que personifican en esta ciudad los chicos y chicas de 170 países que ondean alegremente sus banderas por las calles.
 
Les habló también de conversión personal, «pues la peregrinación consiste en despojarnos de nuestros pecados en el sacramento de la confesión para emprender una vida nueva», y de evangelización siguiendo las huellas de algunos compatriotas llegados antes a este remoto rincón del planeta.
 
El cardenal recordó que «cuando volábamos sobre Singapur, el obispo José Antonio Martínez Camino me dijo que por aquí había pasado Francisco Javier, y en Melbourne hemos descubierto el legado del evangelizador Fray Rosendo Salvado, un benedictino de Tuy». En la primera fila, Mavi y otros amigos que venían de esa ciudad gallega aplaudieron al mencionar a su paisano.
 
En una homilía juvenil y optimista, Rouco Varela bromeó con la llegada tardía del cardenal de Barcelona, Lluís Sistach, asegurando que «se lo perdonamos», mientras que el cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, había sido tan puntual como el resto de los prelados, incluido el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez. La plana mayor de la Iglesia española y la avanzadilla más dinámica de la juventud del país renovaban un rito bimilenario en una de las ciudades más modernas del mundo.
 
Para los jóvenes participantes todo parece un sueño, o más bien la confirmación visible de su fe: de que la iglesia es universal y de que la palabra de Jesús mueve el corazón humano y hace brotar oleadas de generosidad en todos los momentos de la historia.
 
El cardenal Antonio Cañizares manifestó que la peregrinación mundial a Sidney muestra «que la Iglesia es siempre joven, llena de plenitud y de vida, llena de esperanza, con una pasión total por Jesucristo, que es el futuro del hombre«». El arzobispo de Toledo confirmó una impresión general: «Esta jornada se caracteriza por una religiosidad más profunda, probablemente porque los jóvenes son más maduros ya que resulta muy difícil cubrir la enorme distancia hasta aquí».
 
Poco después, la ciudad se sorprendía con un nuevo espectáculo. Las avenidas peatonalizadas para la ocasión se convertían en ríos de peregrinos en marcha rumbo al hipódromo. Grupos de todos los países, luciendo todo tipo de banderas y cantando todo tipo de canciones pasaban y pasaban durante horas y horas. El flujo de las calles menores se sumaba como los afluentes de los ríos al de las calles mayores y las autopistas convertidas durante una jornada en vías peatonales rumbo al «Recinto de la Cruz del Sur» para el encuentro nocturno con el Papa.
 
Un fenómeno único
 
Hasta el ciudadano mas frío se daba cuenta de que en la ciudad sucedía algo único: un fenómeno estrictamente religioso que sólo se explica en la intimidad de cada persona. Los más pesimistas temían desórdenes. En cambio, los peregrinos trajeron sólo alegría y no dejaron detrás nada roto ni nada que limpiar. La responsabilidad ecológica empieza por usar la papelera y recoger lo que se encuentra por el suelo, como hacían muchos de los peregrinos en una ciudad bellísima y limpia.
 
El recibimiento al Papa volvió a ser apoteósico pero, como siempre, los jóvenes cayeron inmediatamente en un silencio atento en cuanto Benedicto XVI comenzó a hablar para explicarles que el Espíritu Santo es el Amor, el amor que caracteriza a la Trinidad y que forma la relación entre el Padre y el Hijo. Para los jóvenes debe ser «un amor que une, un amor que perdura y un amor que lleva a entregarse a vuestra misión». Les invitó «a que vuestra fe madure a través del estudio, el trabajo, el deporte, la música y el arte. A que se sostenga en la oración y se alimente en los sacramentos». «Al final, la vida no es sólo un acumular cosas. Es mucho másque el éxito». Los jóvenes le escuchaban pensativos y rubricaron sus palabras con un gran aplauso. La Jornada Mundial de la Juventud termina hoy con la misa de clausura en la que se anunciara la próxima gran cita: Madrid.
 
JUAN VICENTE BOO. E. ESPECIAL. SIDNEY (ABC.ES)
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