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Los obispos condenan la práctica médica para lograr el «bebé medicamento»


domingo, 19 de octubre de 2008


La Conferencia Episcopal Española (CEE) difundió ayer una nota titulada «Curar a los enfermos, pero sin eliminar a nadie», en la que se contienen «aclaraciones sobre los hechos implicados en el nacimiento del llamado primer «bebé medicamento»», que nació el pasado día 12 en un hospital público de Sevilla.
El pequeño fue seleccionado para curar a su hermano, de seis años, que sufre una enfermedad hereditaria, la beta-talasemia major, una anemia congénita severa que le obliga a constantes transfusiones sanguíneas.
El texto, divulgado ayer por la Secretaría General de la CEE -de la que es titular el obispo auxiliar de Madrid monseñor Martínez Camino- denuncia la destrucción o congelación de embriones y destaca que se haya puesto el acento «en la feliz noticia» del nacimiento del niño y «en la posibilidad de la curación de la enfermedad de su hermano» y se hayan silenciado las «implicaciones morales» del procedimiento seguido en este caso.

Derecho a ser amado

«El nacimiento de una persona humana -dice el texto- ha venido acompañado de la destrucción de otros, sus propios hermanos a los que se ha privado del derecho fundamental a la vida». En este sentido, asegura que «los hermanos a los que se les ha privado del derecho a nacer han sido desechados por no ser útiles desde la perspectiva técnica, violando así su dignidad y el respeto absoluto que toda persona merece en sí misma, al margen de cualquier consideración utilitarista».

En cuanto al hermano que que ha nacido, la declaración episcopal afirma que «ha sido escogido por ser el más útil para una posible curación». Y así «se ha conculcado su derecho a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica».

El documento de la CEE señala que «se ha puesto el énfasis en la feliz noticia del nacimiento de un niño y en la posibilidad de la curación de la enfermedad de su hermano» y advierte que «expresada así, la noticia supone un motivo de alegría para todos». Sin embargo «se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente de aquellos que, estando sanos, no eran compatibles genéticamente».

Criterios de pura técnica
Ante los calificativos de «éxito» y de «progreso científico» que ha recibido este proceso, los obispos recuerdan que «someter la vida humana a criterios de pura eficacia técnica supone reducir la dignidad de la persona a un mero valor de utilidad».

Al referirse a la técnica empleada para lograr un niño sano, el diagnóstico genético preimplantacional, la nota del Episcopado pone de relieve que «los embriones obtenidos de la fecundación in vitro son examinados para seleccionar aquellos que no sean portadores del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada». Entre los embriones seleccionados se implantan en el útero materno «aquellos que presentan el perfil de compatibilidad genética más adecuado con el hermano enfermo. Los demás son destruidos o congelados», prosigue el texto.

Para reforzar sus aclaraciones, el comunicado remite al documento de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, de 30 de marzo de 2006, «Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la reproducción humana artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la ley que la regularán en España». Hace hincapié en «la injusticia» que se comete con los seres humanos producidos en el laboratorio, al ser tratados «como un mero producto conseguido por el dominio instrumental de los técnicos», Y es que «la dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos sino procreados (...)». Y añade: «Por tratarse de una relación puramente personal -no instrumental- la procreación es conforme a la dignidad personal del niño procreado, que viene así al mundo como un don otorgado a la mutua entrega personal de los padres».

La declaración de la Plenaria de la CEE recuerda que el Magisterio de la Iglesia enseña que «el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por ello, a partir de ese momento, se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano a la vida».

Compasión bien entendida
La declaración a la que remite la nota de la CEE para resaltar la doctrina de la Iglesia católica sobre las prácticas denunciadas aborda también la justificación emotiva de hechos de esta naturaleza. «Los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas horrendas son inaceptables», asevera. Considera además que «es cierto que hay que curar a los enfermos, pero sin eliminar nunca para ello a nadie», y prosigue que «la compasión bien entendida comienza por respetar los derechos de todos, en particular, la vida de todos los hijos, sanos y enfermos».

En otro párrafo de la nota episcopal difundida ayer, se destaca que «el hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no puede justificar la instrumentalización a la que ha sido sometido y no basta para presentar como progreso la práctica eugenésica que ha supuesto la destrucción de sus hermanos generados in vitro».

Voz para los que no tienen
La Secretaria General de la CEE concluye su escrito señalando que «la Iglesia desea prestar su voz a aquellos que no la tienen y a los que han sido privados del derechos fundamental a la vida».

El último párrafo de la misma deja claro el objetivo de la misiva: «Con estas declaraciones -asegura- no se juzga la conciencia ni las intenciones de nadie. Se trata de recordar principios éticos objetivos que tutelan la dignidad de todo ser humano».
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