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En el país del tío Ho


miércoles, 22 de octubre de 2008


"Usted no conoce a los comunistas. Si le contase abiertamente todo lo que hacen contra la Iglesia, mañana me arrestarían y me mandarían a la cárcel”. El obispo vietnamita que me hace esta confidencia alarga sus brazos desconsolado, porque terminar en la cárcel por la propia fe es una opción realista en un país en el que el Partido es todavía soviéticamente un dios.


La persecución hoy de los cristianos en el Vietnam comunista.


por Lorenzo Fazzini


Con términos más diplomáticos, el cardenal Jean-Baptiste Pham Minh Manh, arzobispo de Ho Chi Minh City, admite que “la situación es difícil”. En sus palabras está presente todo lo que basta para evocar esa ficción de “libertad” religiosa que aplasta a la Iglesia en Vietnam. "La Iglesia es libre, pero no tiene el derecho de serlo", afirma el cardenal, mientras me abre las puertas de su residencia en las cercanías de la céntrica catedral de Notre Dame. Frente al episcopado, sobre la fachada del ex palacio presidencial de Vietnam del Sur, se muestra un gran cartel rojo de propaganda. "El Partido comunista, el gobierno y el distrito popular 5 te dicen: estudia y sigue el ejemplo del tío Ho Chi Minh", recita el escrito, con el padre de la patria que sonríe detrás de su barbilla blanca.

En Vietnam, los católicos son el 8% de los 84 millones de habitantes, y la Iglesia goza de un prestigio social indiscutido, también entre los no cristianos, pero a fines del verano pasado las tensiones latentes llegaron a un punto de ruptura. Objeto de la controversia son algunos terrenos, edificios y estructuras que en un tiempo fueron de propiedad eclesiástica, confiscados por los vietnamitas comunistas luego de la conquista del poder en Hanoi, en el norte, en 1954. Se trata de confiscaciones que se repitieron en 1975 en el sur, una vez ocupada Saigón, la actual Ho Chi Minh City. Son éstos los bienes que ahora la Iglesia reclama, en el interior de un país que comienza a abrirse a las libertades económicas y que en el 2006 ha ingresado a la Organización Mundial del Comercio, WTO

Durante otros diez años – hasta la mitad de los años ´80 – los comunistas mantuvieron cerradas las iglesias. La capilla de la Universidad de Dalat, segundo centro académico del país, sufrió una singular transformación: en lugar de la cruz, sobre el campanario, hoy descuella una estrella roja de soviética memoria. Los seminarios se han convertido en edificios estatales. En Hue, antigua capital imperial, el seminario menor en el que estudió el futuro cardenal Nguyên Van Thuân, mártir de la fe, prisionero durante 13 años, se ha convertido en el más lujoso hotel de la ciudad. El convento carmelita de Hanoi – al que Santa Teresa de Lisieux soñaba venir como misionera – ha sido transformado en un hospital. Una iglesia a pocos pasos de la embajada de Italia en la capital se ha convertido en un almacén.

Frente a episodios de corrupción descarada, en los que los terrenos son vendidos a industrias estatales o privadas a cambio de conspicuos sobornos a funcionarios de gobierno, los católicos bajan a la plaza. Bajan a rezar, como explican en la conferencia episcopal vietnamita, que reúne a los obispos de las 27 diócesis del país. La Iglesia exige la restitución de la propiedad de la que hoy tiene necesidad más que nunca para atender a un pueblo de fieles en crecimiento: sólo en Ho Chi Minh City se efectúan cada año 9 mil bautismos de adultos. Fieles y pastores se plantean una simple pregunta: ¿por qué en un Vietnam que crece económicamente a una tasa del 8% al año, con empresas japonesas y “yanquis” que invierten, rascacielos que brotan como hongos junto a un hotel de lujo (en la localidad costera de Nha Trang, el episcopado está rodeado ahora por un nuevo hotel Hilton a la derecha y por dos torres futuras a la izquierda), la Iglesia no tiene el derecho de ver que se le devuelven bienes y propiedades expropiadas por la fuerza treinta años atrás?

A mitad de agosto han comenzado a manifestarse pacíficamente los fieles de la parroquia redentorista de Thai Ha, en los suburbios de Hanoi. Sobre un terreno de 14 mil metros cuadrados, que las autoridades sostienen falsamente que fueron cedidas por los religiosos al Estado en los años ’60, una empresa estatal quiere construir una calle. La policía ha intervenido con bastones eléctricos y gas irritante contra ancianos y niños. Seis personas han sido arrestadas. ¿Por qué?

"Porque rezaban en forma pacífica. Esta violación de los derechos humanos es inaceptable, escríbalo y dígaselo al mundo". Monseñor Joseph Ngo Quang Kiet, arzobispo de Hanoi desde hace poco más de 3 años, no tiene miedo de denunciar cuanto ha sucedido en Thai Ha y no sólo allí. Ahora él está en el ojo de la tormenta por haberse alineado primero junto a la parroquia redentorista y luego haber dirigido la más grande manifestación de protesta no violenta que se recuerde en Hanoi desde 1954.

El 21 de setiembre, 10 mil personas se han reunido a rezar en la plaza de la ex nunciatura apostólica, en las adyacencias del episcopado de Hanoi, en el centro mismo, en el distrito de Hoàn Kiem. La protesta fue la respuesta al hecho que luego de nueve meses de tratativas con las autoridades de la capital, dos días antes, de noche y en forma imprevista, una excavadora y obreros de la construcción, escoltados por el ejército y la policía, ingresaron al terreno de la ex delegación apostólica para realizar un parque público.

"No nos han advertido, han hecho todo de manera unilateral, interrumpiendo el diálogo que habíamos llevado adelante durante meses”, es la lamentación que llega de los pisos superiores de la Iglesia vietnamita. El cardenal Pham Minh Manh sube la dosis: “Públicamente he reafirmado que la política de la Iglesia se basa en un diálogo fecundo fundado en la verdad, la justicia y la caridad. Pero este diálogo es difícil, porque esa palabra – diálogo – ni siquiera existe en el vocabulario comunista, de la misma manera que no existe el término solidaridad”.

Ahora se han suspendido las oraciones de protesta, al igual que los trabajos edilicios. Pero entre tanto, monseñor Kiet ha estado sometido durante algunas semanas a una vigilancia especial. Ir a encontrarlo significaba atravesar tres registradores, máquinas fotográficas y cinematográficas escondidas, colocadas en torno al episcopado para identificar a todo aquél que se acercara a él. Sólo después de la primera semana de octubre, este obispo de 56 años que ha estudiado en el Institut Catholique de París y ha estado a cargo de dos diócesis del Norte – donde por la represión comunista los católicos se han reducido a sólo 6 mil fieles – ha podido aparecer de nuevo en público. Para asistir a la ordenación episcopal del nuevo obispo de Bac Ninh, a 30 kilómetros al norte de la capital, los fieles casi lo han arrollado al manifestarle su solidaridad en esta valiente acción suya por la libertad de la Iglesia.

En efecto, la que podría parecer una mera cuestión edilicia es en realidad un acto de represión de la Iglesia. A partir de algunas voces conocidas del catolicismo vietnamita llegan apretadas argumentaciones sobre el por qué de esta experiencia – la restitución de los bienes confiscados – es la línea de resistencia de la que depende el futuro del catolicismo en la patria del tío Ho.

"Hemos reclamado muchas veces al gobierno, con pedidos escritos, la restitución de nuestras propiedades, de las cuales poseemos los documentos. La mayoría de las veces las autoridades ni siquiera nos han respondido. Algunas veces han dicho: «vea, estamos evaluando», explica el padre Thomas Vu Quang Trung, Provincial de los jesuitas en Thu Duc, periferia de Saigón. "En el año 75, luego de la expulsión de los religiosos extranjeros, el razonamiento del gobierno ha sido simple: ustedes son demasiado pocos para todas estas estructuras, las tomamos nosotros para usarlas para el pueblo".

El Padre Trung alarga los brazos: "Se puede aceptar también que usen una vieja propiedad nuestra, como nuestra casa de Dalat, por un fin público, es decir, para hacer escuelas u hospitales. Pero convertirlo en una discoteca, como ha acontecido a una estructura de religiosas en Ho Chi Minh City, ¡esto no! Nuestro estudiantado de Hu se ha convertido en un supermercado. Nuestros pedidos de restituciones continúan, también porque es una cuestión que importa no sólo a los católicos, sino a todas las confesiones religiosas y también a la gente normal, al pueblo. Los dos pleitos del Norte – la ex nunciatura de Hanoi y la parroquia redentorista – no se refieren solamente a la propiedad de un terreno, sino al modo en el que se administra la justicia".

El Padre John Nguyen Van Ty, anterior superior de los salesianos, consejero del cardenal Pham Minh Manh, es todavía más explícito: "Las autoridades temen un efecto dominó: si ceden sobre Hanoi, existe el riesgo que todas las religiones planteen sus exigencias en nombre de la justicia. Esta experiencia de Hanoi, según algunos, puede ser la chispa que incendie todo. Tanto los católicos de Vietnam como los de la diáspora estamos unidos: no cedemos, es una cuestión de justicia, no de libertad religiosa sino de derecho. Hace bien el Vaticano en no intervenir sobre esta cuestión, considerándola un asunto de la Iglesia local. De otro modo, la cosa sería considerada un hecho sólo confesional, pero por el contrario no es un problema de justicia. Ciertamente, están haciendo pesadas intimidaciones con amenazas al arzobispo, incursiones de bandas violentas, arrestos de católicos, insultos cotidianos en los medios de comunicación contra la Iglesia. Los comunistas temen a los católicos, porque la suya es la religión más fuertemente organizada en todo el país. Pero entre los intelectuales, docentes universitarios, estudiantes y periodistas, se comienza a comprender la realidad, es decir, que el comunismo oprime, y ven en la Iglesia un lugar de libertad".

El Padre Francis Xavier Phan Long, Superior de la provincia franciscana, explica que los obispos vietnamitas han hecho muy bien en “contraer la deuda” de la propiedad privada, al pedir públicamente al gobierno que revise la ley – “superada y desactualizada" la ha definido el presidente de la conferencia episcopal, monseñor Peter Nguyen Van Nhon – que asigna la posesión de la tierra solamente al Estado.

"Estoy contento por el hecho que por primera vez los obispos han tenido una posición común sobre un problema concreto. Normalmente, cuando celebran su asamblea anual, emitían un comunicado final que se refería a cuestiones muy generales”, explica el padre Long en su oficina en el centro de Ho Chi Minh City. "Esta vez, en forma nueva, han afrontado una cuestión caliente como la de Hanoi, insistiendo en el diálogo franco y directo con las autoridades. No sabemos si cambiará la ley sobre la propiedad privada, pero lo esperamos. Yo ya le he dicho algo a las autoridades...".

¿Qué cosa? Responde: "Cuando comenzaron los hechos de Hanoi, el ministerio de seguridad me ha convocado para pedirme mi opinión sobre cuanto estaba aconteciendo. Les he advertido que si en el futuro el gobierno se apoderase de propiedades de los franciscanos, nosotros estaremos dispuestos a luchar. Pacíficamente, pues somos hijos de san Francisco. Pero de ninguna manera estaremos dispuestos a renunciar a la lucha".

Fuente: www.chiesa
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