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El equilibrio. Autor: Josué. (09/04/2007)


sábado, 26 de abril de 2008


balanza

El equilibrio está de moda. Todo el mundo se empeña aparentemente en mantener el equilibrio en todo lo que nos rodea: hay que buscar un equilibrio en la emisión de CO2 para evitar el desastre del cambio climático; se debe mantener dietas equilibradas para tener cuerpos sanos y equilibrados con la ayuda del ejercicio y de unos estupendos yogures; se busca el equilibrio entre el trabajo y el tiempo libre; equilibrios en los precios y las subidas salariales; etc, etc, etc.

Estoy totalmente de acuerdo.

Parece que se pretende rescatar para el ser humano eso de “men sana y corpore sano”, y por otra parte la mayor parte de la gente se cobija en esa frase tan cotidiana que todos conocemos: “el que venga detrás que arree”. Tanto equilibrio, tanto buscar cosas que equilibrar que la gente se fija en lo que un científico dice por aquí, otro comenta por allá, y un grupito publica en no se qué revista que va acompañada de tonterías y con escasez rigor científico. Pero cuando un cura habla…cuando un obispo da su punto de vista sobre algún tema… ¡Qué dice ese pringao! ¡Qué sabrá él de la vida! ¡Qué pinta un cura hablando de estas cosas! Y múltiples frases que todos hemos oído en más de una ocasión.

¿Qué está pasando… dónde está ese equilibrio que tanto busca la sociedad? ¿Por qué en general la gente se fía más de un científico que tiene un título de CCC o de CEAC, que de su propia fe? ¿No es posible un equilibrio entre ciencia y fe, tal y como representa esa simbólica balanza? ¿Hay contradicciones entre ambas formas de entender la vida, o por el contrario son aspectos del ser humano que estando unidos pueden hacernos entender el por qué de las cosas? Muchas preguntas de este tipo y otras aun más retorcidas me he hecho a lo largo de mi vida, y cada día lo tengo más claro. Nunca han sido buenas las relaciones entre Iglesia y Científicos, pero esta es mi visión particular de cómo entiende un cristiano amante de la ciencia el universo, la vida…

Hace aproximadamente unos 13.700 millones de años se produjo el “nacimiento” del universo que hoy en día habitamos. Se produjo la gran explosión que todos conocemos y aceptamos (a excepción de un reducido grupo de científicos): el Big Bang. Esta teoría de creación del universo fue impulsada a partir de 1910 por los astrónomos Vesto Slipher y Carl Wilhelm Wirtz, es decir por un grupo de científicos al que luego se uniría Edwin Hubble. Curiosamente, y lo que quizá sea desconocido para la mayoría es que el gran impulsor de ésta teoría, el que se considera el padre de la teoría del Big Bang por su investigación previa y su teoría de que el universo se inició con la explosión de un átomo primigenio,  fue el padre jesuita belga Georges Lemaître en el año 1927-1930. A su vez, el Papa Pío XII fue un entusiasta impulsor de la teoría del Big Bang, incluso antes de que fuera establecida y aceptada por la comunidad científica. ¿Y cuál es el problema? ¿Dónde está la contradicción? Es que resulta que no hay problema ni contradicción. Me explico.

Según la comunidad científica el universo se originó con una fuerte explosión de un átomo, y a partir de ahí el universo ha ido en expansión  a lo largo de sus miles de millones de años, y continuará haciéndolo (está también demostrado, aunque existan pequeñas corrientes científicas que crean que está en recesión). La Iglesia acepta este descubrimiento puesto que es algo totalmente razonable, que corrobora y da soporte a las palabras escritas en el Evangelio, en el Génesis. ¿De dónde salió ese átomo primigenio? ¿Por qué la naturaleza de los componentes de los átomos es como es? ¿Por qué un protón tiene una masa de 9.11 × 10−31 kg y no de 9.11 × 10−32 kg? Es ante este tipo de preguntas cuando aparece en la mente del hombre la idea del Creador, de un Dios que controla el universo con unas leyes de la naturaleza, que el hombre trata de entender, y que creó ese átomo (la energía ni se crea ni se destruye, se transforma), ya que si no fue el Creador… ¿de dónde salió ese átomo?

Aparecen aquí dos corrientes que pretenden dar respuesta a esa pregunta: el azar o el diseño inteligente. . El azar dice que todo es porque si, por hechos no relacionables con causas físicas. El diseño inteligente dice que para Dios no hay azar, sabe todo lo que va a ocurrir .La mayor parte de la comunidad científica apoya hoy en día el diseño inteligente, y la Iglesia lo hizo rechazando el azar en palabras de Benedicto XVI en el año 2006: ''Pues bien, creemos en este Dios que es el espíritu creador, la razón creadora de donde todo procede y de donde también venimos nosotros''. En esa misma homilía afirmó el Papa: “De nada vale tratar de explicar el origen del mundo con unos cálculos que nunca aciertan. Aunque una parte de la ciencia se dedicó desde el siglo de las Luces a buscar una explicación al mundo en la que Dios sería superfluo, nunca lo ha logrado porque sin Dios, los cálculos sobre el hombre no encajan y los cálculos sobre el mundo, sobre todo el vasto universo, no encajan sin él''. En resumen: en general, no hay ningún conflicto por mucho que se empeñen ciertas personas. Hay equilibrio entre ciencia y fe en el tema de la creación del universo.

El universo ya creado y expandido, con su vía láctea y esa gran fuente de energía a la que llamamos Sol, que hace que en la Tierra exista una temperatura viable para la vida. Un planeta que tras años de evolución y cambios de estado se solidifica, manteniendo a su alrededor una serie de gases que forman una atmósfera que lo protege de los rayos nocivos del Sol y que mantiene unas temperaturas más o menos estables y en un intervalo favorable para la aparición de la vida. Un planeta totalmente sólido en su superficie, y que al final se produce esa conjunción entre hidrógeno y oxígeno, dando lugar al agua. Hace 3700 millones de años aparece la vida en el planeta Tierra, a partir de una serie de moléculas que formaron un organismo híbrido. Esos organismos se fueron desarrollando y reproduciéndose dando lugar a organismos cada vez más complejos, evolucionando hasta lo que conocemos hoy en día, tras soportar glaciaciones y periodos de grandes temperaturas tras la caída de meteoritos. Todo esto es lo que dicen las comunidades científicas sobre la evolución de la vida en el planeta tierra. Los biólogos, que nos explican como es la vida unicelular y pluricelular, cómo viven los organismos, cómo se produce la evolución de los mismos y cómo utilizan el oxígeno para la vida. Aparecen dos corrientes principalmente en la actualidad para explicar esa evolución de la vida: el creacionismo y el darwinismo con la selección natural. Es en este punto dónde encuentro el primer conflicto entre Ciencia e Iglesia.

El evolucionismo es una doctrina filosófica que se fundamenta en que todo se genera por evolución, mientras que el creacionismo defiende la teoría de que el mundo se ha creado como aparece en el Génesis, primer libro del Antiguo Testamento, es decir que Dios creó el mundo de la nada y participa en la creación del alma humana en el momento de la concepción. Una parte de la comunidad científica se inclina y acepta el darwinismo, mientras que la Iglesia se decanta lógicamente por el creacionismo. Para tratar de esclarecer la posición de la Iglesia cito unas palabras de Benedicto XIV hablando de dichas teorías: '' ¿Qué existe en el origen? ¿La razón creadora, el espíritu que obra en todo y suscita el desarrollo, o la irracionalidad que, despojada de toda razón, produce extrañamente un universo ordenado de manera matemática, así como el Hombre y su razón? En este caso, sería entonces solamente el resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional.” Esto ha creado tradicionalmente grandes conflictos entre la Iglesia y los científicos.

Personalmente tengo una visión nada extremista, si no todo lo contrario; me podría definir como creacionista creyente en la evolución y la extinción divina. Quizá sea lo más sencillo no decantarse ni por una corriente ni por la otra y elegir la que unifica las dos, pero es que como he dicho antes, soy cristiano y amante de la ciencia, y como dijo un científico cristiano: “Dios no está para tapar los agujeros de la ciencia, Dios está en la ciencia”. Considero la fe y la ciencia dos maneras diferentes de ver las cosas en su totalidad. La fe es una forma de comprender lo que nos envuelve de una forma más allá, que lo que son capaces de explicarnos los científicos. Es una forma de ver el mundo, que nos hace entender qué hay más allá de lo visible y lo cotidiano, de lo que podemos tocar con nuestras propias manos, experimentar para obtener leyes que gobiernen ese comportamiento. La ciencia busca explicar, analizar, estudiar absolutamente todo, buscar la razón de los fenómenos naturales, tratando de adivinar los mecanismos ocultos en su funcionamiento y comprender las leyes que los rigen, para predecir cómo lo harán en el futuro. Ambas formas de entender el mundo que nos rodea exigen dedicación y reflexión. Es imprescindible para un joven de hoy en día, al que le explican unas teorías en los institutos y universidades, y otras que parecen contrarias en la Iglesia, encontrar el equilibrio intelectual e interior entre ambas, para llegar a un perfecto entendimiento del mundo que nos rodea.

Josué

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