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Judíos y palestinos


jueves, 15 de enero de 2009


Tengo la impresión de que en el amplio movimiento laicista, que pretende erradicar todo lo cristiano de nuestra cultura, hay una búsqueda constante de conseguir como aliados a los musulmanes.

Para ello se aprovechan todas las ocasiones de culpar a los judíos de todos los males y presentar a los palestinos como víctimas de los turbios manejos de una conspiración de sionistas y capitalistas americanos. Los mismos periódicos que han ignorado que los terroristas de Hamas están lanzando constantemente cohetes contra Israel, se han apresurado a denunciar los muertos en Gaza por el bombardeo israelí.

Toda la progresía antijudía, acompañada por los que presumen de buenos y no se enteran de nada, tratan de acongojarnos cada telediario con los niños palestinos muertos, pero no dicen que los terroristas palestinos, permanentes sembradores del odio, utilizan a sus propios hijos como escudos humanos contando con la pacata credulidad de occidente.

No actúan estos terroristas desde el desierto, ni desde la selva como las FARC colombianas, sino desde las ciudades atestadas de gente porque saben que Occidente no soporta la muerte de civiles. Son provocadores permanentes que quieren que Israel les ataque para presentarse como víctimas. Claman por sus hijos a quienes ellos mismos arman de piedras para el ataque.

Hasta ahora no les va mal. Cuentan con la propaganda de un occidente trufado de odio a USA y a lo que representa lo cristiano. Consiguen ingentes cantidades de ayuda que no se utilizan para salir de su agujero, sino para adquirir armas y seguir vendiendo odio y la consigna de borrar del mapa a Israel.

Si Occidente representa algo en la cultura del mundo, Israel es nuestro testigo. Si la viscosa marea islámica consiguiera hundir a Israel, será Europa entera la que desaparecerá en una larga noche. Ante nuestra estulticia culpable, estamos cada vez más inermes al empuje de masas fanáticas que ya viven entre nosotros y a las que dispensamos un trato exquisito.

Aquí pueden levantar sus mezquitas, ocupar nuestros barrios, nuestros colegios, nuestros hospitales, pero los cristianos son perseguidos sin contemplaciones en los países árabes, en los que no se puede construir una iglesia ni poseer una Biblia. Los ricos del petróleo no piensan que tengan nada que repartir con el resto de la humanidad. Los jeques son unos taimados conspiradores prestos a alterar el precio del petróleo en su beneficio personal, pues ni siquiera ayudan a sus pobres que tienden sus manos a Caritas o a las ONGS de Occidente con gesto desafiante.

Desconfíen de las extrañas unanimidades, de la propaganda progre, de los terroristas buenos, de los que esperan que el laicismo nos vaya a hacer vivir en paz.

Francisco Rodríguez Barragán
Licenciado en Derecho, Historia y Geografía
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