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Un sentimiento. Autora: Alba. (11/05/2007)


sábado, 26 de abril de 2008


Es una tarde aburrida. Me decido a hacer una limpieza en mi ordenador. Tras un largo proceso de eliminar archivos, documentos, música, películas y demás información que he ido acumulando con el paso del tiempo, es hora de revisar las fotos. Abro la carpeta en la que las guardo y me sorprendo con otra gran cantidad de carpetas: boda de Manolo y Laura, cumpleaños de Lucía, Navidad, Cumpleaños de Raquel, curiosidades... reviso todas las carpetas recordando los buenos momentos inmortalizados. Pero hay una en la que me detengo: Encuentro Nacional de Jóvenes, Pamplona 2006. Fotos que yo hice, que me pasaron mis amigos y que cogí de Internet. ¡Qué recuerdos!

El encuentro tuvo lugar con motivo del V aniversario del nacimiento de San Francisco Javier. El lugar no pudo ser mejor elegido: la comunidad en la que el Santo nació. Por eso no podíamos faltar. Además de nuestra devoción a su figura, nos sentíamos orgullosos (aún más) de nuestro Patrón. La iniciativa surgió de un grupo de navarros con grandes empeños y todo lo que hace falta para llevarlos adelante. En un principio, a nadie nos cupo la duda de que era una idea disparatada, pero en ningún momento perdimos la ilusión y las ganas por que llegara el día. Visto desde otra perspectiva, era todo un reto.

Tras un tiempo de espera, llegó la fecha: 4, 5 y 6 de agosto. Unos cuatro mil jóvenes de toda España nos encontramos en la ciudad y nos dispusimos a pasar un fin de semana animado y entre amigos, pero sobre todo en un ambiente de Fe y reflexión, y por encima de ello estaban los que nos habían reunido allí: Jesús y San Francisco Javier. Todos los que vivimos la experiencia sabemos que fueron tantos los buenos momentos que sería difícil acordarse de cada uno: eucaristías, vigilia, catequesis, talleres, testimonios, conciertos y, como decimos los navarros, muchos buenos “raticos”. En definitiva, un recuerdo inolvidable.

Personalmente, si me tuviera que quedar con algo, eso sería un sentimiento: el de compañía, saber que en el mundo hay millones de cristianos y que no estamos solos; un motivo por el que olvidar las sensaciones que alguna vez nos habían hecho dudar. Pensar que no eres un bicho raro, una especie en extinción, que no estás pasado de moda ni anticuado; desterrar el ridículo miedo y la estúpida pregunta del qué pensarán; llenar el corazón de esperanza, felicidad y ganas de gritar al mundo que eres ¡joven y cristiano!

El lema del encuentro era “id por todo el mundo”, como el Santo Patrón hiciera con sus misiones. Era una forma de animar a los jóvenes a caminar propagando su fe y a mostrarla tal como es, sin antifaces. Aunque la sociedad no nos lo quiera mostrar, es cierto que en el mundo hay jóvenes que son cristianos al mismo tiempo, como un día lo fue Javier. Las experiencias como esta nos lo demuestran. Recuerdo un lema que colgaba de un edificio en el encuentro en honor a la familia que se celebró en Valencia en 2006: “la Iglesia está viva y es joven”. Un cartel que llamaba poderosamente la atención, no sólo por sus grandes dimensiones, sino como digo, también por el lema en sí. Hablaba de una realidad.

La vida de un cristiano joven no es demasiado fácil, más de uno lo sabréis. No quiero decir que por la calle te señalen con el dedo, o  que no se te deje entrar a las tiendas y locales de moda, o que la gente no te hable, ni cosas por el estilo (o al menos en los casos que yo conozco y realmente sería duro saber que esto pasa hoy en día). Pero sí que es cierto que, el hecho de ser cristiano, parece ser un motivo para ser un joven juzgado y más raro que los demás. Cuando dices que eres cristiano por primera vez en un grupo en el que no se sabía mucho de ti, a más de uno se le viene el mundo encima: “¿Qué?” ”¡Parecías más listo!” “¿Cómo puedes decir esa barbaridad?” “Pero...¿lo dices en serio?”... seguro que algo de esto te suena. En el mejor de los casos lo aceptan, pero en otros lo rechazan. Si ocurre lo primero no hay problema, pero si la respuesta es la segunda la cosa se complica, y ahí viene la parte difícil.

Por esta razón, son tan importantes para un joven cristiano la clase de encuentros como el que se vivió en Pamplona el pasado verano, o el de Colonia de 2005, o el de Roma, o tantos otros ya pasados. Es como una inyección de vitaminas que te llega a las venas y hace su buen efecto llenándote de luz y esperanza para no abandonar tu Fe y seguir adelante. Son momentos que te hacen mirar atrás y recordar los malos tiempos si los hubo y, como decimos en España, borrón y cuenta nueva.

Lo he decidido, no borro ninguna, me quedo con todas las fotos.

 

Alba

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