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El casamiento gay genera más rechazo que el aborto


domingo, 18 de julio de 2010


 Me dirijo a los Señores Senadores, en especial a quienes deberían representarnos a los cordobeses. La primera plana de ayer del matutino cordobés “La Voz del Interior” dice que, en Córdoba: “El casamiento gay genera más rechazo que el aborto”. Al final de la nota se aclara que la nuestra no es una sociedad conservadora. Está todo dicho. Por amplia mayoría, los cordobeses rechazamos el mal llamado “matrimonio homosexual”. Entre nuestros senadores hay quienes aspiran a la gobernación y a intendencia de nuestra ciudad capital. Tomen nota. Si mantienen sus aspiraciones deben rechazar el proyecto de ley en revisión. Los cordobeses tomaremos nota del voto de cada uno de nuestros senadores. La ausencia o la abstención serán considerados como un apoyo al proyecto de ley. Y los cordobeses los castigaremos en las urnas. No lo olviden.

El punto de vista más elemental para analizar un proyecto de ley, es poner “en blanco sobre negro”, las consecuencias que -necesariamente- produciría su aprobación. En concreto, si se legalizara el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, y se les permitiera adoptar niños, se producirían -necesariamente-, dos consecuencias tan evidentes como inevitables:
a) La primera sería la inmediata modificación, de todos los programas educativos y de todos los libros de texto, en las muchas materias que se refieren a tópicos tales como: matrimonio, familia, sociedad, Estado, etc. En consecuencia, se debería enseñar a nuestros niños, desde su más tierna infancia que, llegados a cierta edad, ellos podrían optar si se les antoja, por la homosexualidad, ya que es una conducta reconocida y tutelada por las leyes.
b) La segunda consecuencia sería la aprobación del proyecto de ley, actualmente en estudio en la Cámara Baja, por el cual se ampliará la ley penal antidiscriminatoria; precisamente considerando discriminación, al “género, identidad de género o su expresión y orientación sexual”. Entonces, el omnipresente INADI, utilizando nuestro dinero como contribuyentes, tendrá la herramienta legal -de la que hoy carece-, para transformarse en la policía ideológica del régimen.
Vale decir, que pasaríamos de tolerar la homosexualidad como una conducta privada, a promoverla públicamente, bajo el látigo del Código Penal. Esta es la consecuencia necesaria de la aprobación del proyecto de ley en consideración. De aprobarse, esto es lo que va a suceder.
Ahora bien, durante el tratamiento del proyecto de ley, los Senadores deben preguntarse si es justo, razonable y compatible con un buen proyecto político de país, el hecho que la homosexualidad se promueva públicamente, hasta con la amenaza del Código Penal. El NO es la respuesta contundente a esta pregunta. El motivo para el rechazo de la promoción pública de la homosexualidad, es tan sencillo como evidente. En efecto:
Si todos fuéramos homosexuales, la humanidad se acabaría en una generación. La consecuencia es obvia: La conducta homosexual es una conducta gravemente antisocial. Tan antisocial, que amenaza la misma subsistencia de nuestra Argentina. Hoy es una conducta estadísticamente irrelevante -no más del 2% de la población-. Por eso puede ser razonable tolerarla privadamente. Otra cosa es promoverla públicamente, y desde la más tierna infancia. Eso es injusto e irracional, y supone una política socialmente suicida. Es inadmisible.
Señores Senadores, Uds. deben preguntarse: ¿cómo pudo ser que una mayoría exigua de Diputados -pero mayoría al fin-, pudo aprobar este proyecto socialmente suicida?. La razón es conocida por todos. Los Diputados se dejaron arrastrar por el llamado lobby homosexual. Señores Senadores, desde que el proyecto con media sanción llegó a vuestra Cámara, Uds. también están sufriendo la hostil presión del lobby homosexual. No pueden hacerse los desentendidos.
El lobby homosexual 
Una breve disgresión: el 99% de los homosexuales lleva su condición con sensatez, serenidad, sin pretender imponer su conducta, que perciben como no recomendable para los demás. En cambio, el lobby homosexual, es un movimiento geopolítico, muy minoritario aún entre los homosexuales; pero que tiene un objetivo político claro. Le cedo la palabra a dos de sus máximos exponentes:
Para Ellen Herman, quieren “libertad para diseñar su familia actual y futura de mil formas diferentes y sin penalización: amar a mujeres o a varones, tener sexo con una o más personas a la vez, vivir con o sin niños, participar en la crianza de los niños sin participar necesariamente en la reproducción. Sólo cuando pudieran inventar familias de todo tipo -sin miedo al ridículo o al autoreproche- podrían las mujeres esperar una verdadera individualidad, en vez de ser clasificadas como miembros cautivos de una clase de sexo o género” .
Alison Jagger lo dice con mayor claridad: “El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal ... en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma ´institución de las relaciones sexuales´, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimórficamente perversa natural” . Para ello preconizan, por ejemplo, el “amor entre especies” para pseudo-justificar el bestialismo o zoofilia.
Dicho de modo más sencillo: la legalización del pseudo “matrimonio homosexual”, y el consiguiente otorgamiento de la posibilidad de adoptar hijos; es sólo un primer paso hacia el objetivo geopolítico del lobby homosexual. Y ese objetivo geopolítico es, sencillamente, borrar toda diferenciación sexual entre los seres humanos. Ya no más varón, ya no más mujer. La forma de lograrlo es llamar “matrimonio”, a toda forma imaginable de utilización de los genitales. Y llamar familia, a lo que pueda surgir de esos diversos “tipos” de matrimonio, según se quieran usar los órganos sexuales.
Los integrantes del lobby homosexual imaginan que, sólo en ese momento, ellos dejaran de autopercibirse como “diferentes”, a quienes somos varones y mujeres a secas. Pero esto no es más que una ilusión óptica: ellos se autoperciben como diferentes, porque son diferentes. No por otro motivo. También nosotros los percibimos claramente como diferentes. Porque lo son.
Ahora bien, este es el objetivo del lobby homosexual. ¿Cuál es la táctica que están utilizando para conquistar ese, que es “su” objetivo geopolítico. Y digo geopolítico, porque el lobby homosexual está actuando de la misma forma en América, en Europa, y en ciertos organismos supranacionales como la ONU, la Unión Europea y la OEA.
El lobby homosexual ha diseñado una especie de “ariete”, para golpear por la espalda, a todo aquel que se le oponga. La táctica es muy vieja y repetida hasta el cansancio, por los regímenes totalitarios. Es descalificar con una sola palabra, estigmatizando a todo aquel que piensa diferente. Para los marxistas eran los “fachos”, para el viejo Perón los “gorilas”, para los gobiernos militares los “zurdos”. Para el lobby homosexual es la “homofobia”. 
La homofobia
En palabras del prestigioso psiquiatra francés Tony Anatrella: “la homofobia es un argumento de mala fe y un producto de la ansiedad de la psicología homosexual. Apelando a la homofobia, los militantes quieren ante todo culpabilizar a los heterosexuales... En realidad este acoso intelectual de algunos homosexuales se une a un fantasma primario del que dependen y que no es otro que el de la heterofobia, es decir, el miedo al sexo contrario, a todo lo que sea extraño a su propio sexo, a la diferencia sexual, que es fuente de alteridad" .
Continúa Anatrella en su lúcido diagnóstico: “Se observa, muy a menudo, que la ansiedad y la angustia que van ligadas a la homosexualidad no son el producto de la sociedad con el solo pretexto de que esta, estaría fundada únicamente sobre la relación de pareja hombre/mujer y sería, por tanto, heterosexual. El tormento del descubrimiento de la atracción por personas del mismo sexo encuentra su origen, sobre todo, en razones psíquicas. Estas son numerosas y variadas, empezando por el hecho de no poder establecer una relación afectiva íntima con una persona del sexo contrario. Esta incapacidad remite a una impotencia ansiogénica que unas personalidades frágiles en su narcisismo intentan colmar a través de un reconocimiento social" .
En pocas palabras: el neologismo “homofobia” sirve para estigmatizar y acallar, a todo aquél que ose utilizar su libertad, para pensar de modo diferente al lobby homosexual. Pero, a la vez, la “homofobia” es un factor de unidad interna para dicho lobby. En efecto, se sienten unidos con espíritu de cuerpo, porque necesitan la unidad para combatir a sus enemigos: los “homofóbicos”. Es decir, todos aquellos que sabemos que varones y mujeres somos diferentes, para complementarnos y poder construir juntos un mundo bipolar armónico.
Señores Senadores, si ser “homofóbico” fuera despreciar aunque sea mínimamente a los homosexuales, yo no sería “homofóbico”. Ahora bien, si oponerse a la promoción pública de la conducta homosexual, bajo pena de cárcel es ser “homofóbico”; Señores Senadores: Yo soy “homofóbico”. Tan “homofóbico”, como el grueso de los argentinos, y como el grueso de los seres humanos que habitamos el planeta Tierra.
Para terminar esta breve exposición, me dirijo ahora a los integrantes del “lobby” homosexual aquí presentes. Está la totalidad de sus miembros cordobeses, y una buena representación de los porteños. Los miro a la cara, más precisamente a los ojos. Porque los quiero con benevolencia, es decir, quiero el bien para Uds. Tengo amigos homosexuales, de modo que conozco muy bien sus angustias, sus dudas, su frustración. Quiero ayudarlos a que las superen.
Uds. también quieren superar sus angustias y fracasos. Es lógico. Lamentablemente, han elegido el camino equivocado. El problema no está en el resto del Mundo que no los comprendería. El problema lo tienen Uds., cada uno, en el fondo de su propio corazón.
Sé que mis palabras de este momento, son un revulsivo para Uds. Difícilmente hoy estén en condiciones de “digerirlas”, poniéndose una mano en el corazón. Lo lamento. Como quiero el bien para Uds., tengo que decírselos: la homosexualidad se cura, pero también se previene.
Nunca olviden mis ojos ni mis palabras. Cuando tengan apertura de corazón y de mente; yo estaré con Uds. para darles un abrazo fraterno. No dejen de buscarme. No se olviden de mí. Señoras y Señores: muchas gracias a todos.
Autor: Jorge Scala | Fuente: Ponencia ante la Comisión de Legislación General del Honorable Senado de la Nación
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