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El arriesgado negocio de la fecundación in vitro. Autor: padre John Flynn. (28/10/2007)


sábado, 26 de abril de 2008


La demanda de fecundaciones in vitro sigue aumentando, igual que la preocupación por las clínicas y sus consecuencias para las familias. Un importante experto británico ha tenido recientemente duras palabras para esta industria, cuyos métodos han sido criticados desde siempre por la Iglesia.

Robert Winston, profesor de estudios de fertilidad en el Imperial College de Londres, afirmaba que las clínicas se han corrompido por el dinero. Y los médicos explotan a las mujeres desesperadas por quedarse embarazadas, informaba el Guardian el 31 de mayo. «Es muy fácil explotar a la gente por el hecho de que están desesperadas y tú tienes la tecnología que ellos quieren, que puede que no funcione», afirmaba.

Cuando se trata del impacto en la vida familiar, uno de los desafíos planteados es la tendencia hacia madres más avanzadas en edad, informaba el periódico Times de Londres el 6 de junio. La proporción de pacientes de fecundación in vitro con edades entre 40 y 45 años ha subido del 10% en los noventa al 15% en el 2006, observaba el artículo. El año pasado un total de 6.174 mujeres de este grupo de edad se sometieron al tratamiento de fertilidad, comparadas con las 596 de 1991.

La media de edad de los pacientes de fertilidad ha aumentado en un año, desde 1996: de los 33,8 a los 34,8 años. La información procede de los datos publicados por la Autoridad de Fertilización y Embriología Humana.

El Times comentaba que el índice de éxitos de los tratamientos en edad avanzada es muy inferior. Para las mujeres entre 40 y 42 años, el índice de nacimientos vivos para el primer ciclo de tratamientos es del 9%. Una vez que cumplen los 44 años o más es del 1%.

Además, a los 40, el riesgo de que se malogre el embarazo es el doble que a los 20, y hay un incremento parecido de embarazos ectópicos, nacimientos prematuros, partos de niños muertos y defectos de nacimiento.

Gemelos a los 60

Poco antes de la publicación de estos datos se supo la noticia de una mujer de 60 años de los Estados Unidos que había dado a luz gemelos, informaba Associated Press el 23 de mayo. Frieda Birnbaum tuvo dos niños en el Centro Médico Universitario Hackensack, de Nueva Jersey.

Otro caso que ha recibido atención es el de la española Carmela Bousada, que dio a luz gemelos a los 67 años, informaba el Times el 29 de enero. Se sometió a tratamiento de fecundación in vitro en el Centro de Fertilidad del Pacífico en Los Angeles (EE. UU.).

El periódico canadiense Ottawa Citizen informaba el 18 de abril del caso de Melanie Boivin, que donó algunos de sus óvulos a su hija Flavie.

La hija, de 7 años de edad, es estéril debido a causas genéticas. El artículo comentaba que si Flavie decide utilizar los óvulos para quedarse embarazada, dará a luz a su hermana genética y Melanie Boivin se convertirá a la vez en madre y abuela.

La moralista Margaret Somerville criticó la actuación de la madre, informaba el periódico. «Tenemos que pensar qué estamos haciendo cuando tratamos con la naturaleza», afirmaba, observando que dicho procedimiento trastoca completamente la transmisión normal de la vida.

Otra práctica que suscita dudas éticas es el uso creciente de madres de alquiler de naciones en desarrollo para tener los hijos de las familias de naciones más ricas. Uno de los países donde está teniendo lugar este fenómeno es la India, explicaba un artículo publicado por Reuters el 4 de febrero.

Una madre de alquiler en los Estados Unidos costaría a una pareja más de 50.000 dólares, declaraba a Reuters Gautam Allahbadi, especialista en fertilidad. En la India, sin embargo, se puede hacer por 10.000 o 12.000 dólares. Las clínicas indias cobran normalmente entre 2.000 y 3.000 dólares por el procedimiento, mientras que a la madre de alquiler cuesta entre 3.000 y 6.000 dólares.

El artículo indicaba que no hay cifras oficiales, pero es posible que entre 100 y 150 bebés nazcan de esta forma cada año en la India.

Sin madre

Las clínicas comienzan también a ofrecer tratamientos dirigidos a la comunidad homosexual. Fertility Institutes de Los Angeles ha lanzado un programa para hombres homosexuales que quieran ser padres, informaba Reuters el 14 de marzo.

Según el director de la clínica, Jeffrey Steinberg, ya se han tratado cerca de 70 parejas gay mientras se prepara el nuevo servicio. También indicó que cerca de tres cuartas partes de las parejas homosexuales pagan un extra para escoger el sexo de su bebé.

Las enrevesadas estructuras parentales creadas por las técnicas de fecundación in vitro también suscitan complejos problemas legales. Una madre de alquiler que no tiene conexión genética alguna con el bebé que ha sacado adelante no puede incluirse como madre en el certificado de nacimiento, dictaminaba el tribunal de apelación de Maryland, los Estados Unidos, según un reportaje de Associated Press del 16 de mayo.

El caso implicaba a unos gemelos nacidos en 2001. La mujer tuvo los gemelos para un padre que había usado el óvulo de una donante, por lo que la madre de alquiler no tendría relación genética con los gemelos.

Otro caso, todavía por decidirse, implica el destino de los embriones congelados de una pareja. Augusta y Randy Roman decidieron seguir adelante con el tratamiento para producir embriones, pero horas antes de que fueran implantado en la mujer, el marido decidió que no quería seguir continuar con el procedimiento, informó el 30 de mayo Los Angeles Times.

Esto tuvo lugar en 2002 y al año siguiente la pareja se divorció. Desde entonces no se han puesto de acuerdo sobre el destino de los embriones congelados y el asunto ha llegado ahora al Tribunal Supremo de Texas. Randy quiere que se destruyan los embriones o que permanezcan congelados.

Los Angeles Times observaba que los altos tribunales de seis estados han dictaminado sobre estos casos. En general han decidido que el derecho de un ex esposo de no procrear triunfa sobre el derecho del otro a procrear.

Gravedad moral

La Iglesia ha advertido desde hace tiempo de los problemas asociados a la fecundación in vitro. En 1987, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba la «Instrucción sobre el Respeto de la Vida Humana Naciente y la Dignidad de la Procreación» («Donum Vitae»).

Desde 1987, las tecnologías implicadas en la fecundación in vitro han cambiado en gran medida, pero muchos de los problemas éticos subyacentes son los mismos. La ciencia y la tecnología son recursos valiosos, reconocía la instrucción. No obstante, es un error considerar que la investigación científica y sus aplicaciones son moralmente neutrales.

Además, explicaba la Congregación de la Doctrina de la Fe, deben ponerse al servicio de la persona humana y deben seguir los criterios de la ley moral. Es un error considerar el cuerpo humano como meramente compuesto de elementos biológicos, sostenía la instrucción. La persona humana tiene tanto una naturaleza corporal como espiritual.

Asimismo, al tratar la cuestión de la transmisión de la vida humana, no es permisible ignorar la naturaleza especial de la persona humana. Desde el momento de la concepción, insistía la instrucción, debe respetarse la vida de todo ser humano. Además, el don de la vida humana debería tener lugar en el contexto de los actos de un marido y una esposa.

La congregación admitía que el deseo de tener hijos y el amor entre los esposos que desean superar problemas de esterilidad «constituyen motivaciones comprensibles», tras el uso de los métodos de fecundación in vitro. No obstante, continuaba la instrucción, es necesario que la existencia de buenas intenciones se coloque dentro de la naturaleza del matrimonio y el respeto de los derechos del niño.

El documento también comentaba que con demasiada frecuencia las técnicas de fecundación in vitro implican la destrucción de embriones humanos. Al actuar de esta forma nos situamos en posición de imponer una «sentencia de muerte», advertía el texto.

La práctica regular de tales actos lleva consigo el riesgo de crear una mentalidad que nos conduzca a una dominación sobre la vida y la muerte de seres humanos, advertía la Congregación.

 

Por el padre John Flynn, L. C.

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