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Redes Cristianas o el rechazo a la jerarquía católica


martes, 17 de junio de 2008


Si uno se asoma a la página digital de Redes Cristianas (RC) comprobará con cierto estupor que las noticias religiosas y eclesiales que ahí aparecen están por lo general sacadas de El Plural, un “periódico digital progresista”, anticlerical y nauseabundo, incapaz de ética y estética algunas, y del diario El País, un medio influyente y poderoso, donde confluyen los sectores ilustrados que enlazan con el laicismo liberal y socialista históricos y que siempre ha buscado debilitar el poder y la influencia de la Iglesia católica. La jerarquía católica captó muy pronto que con El País había nacido un enemigo, donde cualquier colaborador se alinea con un pensamiento negativo sobre la religión y sobre el rol que desempeña la Iglesia católica en España.


Dicho esto, que no es poco, tenemos ya alguna certidumbre sobre RC. Esta plataforma es un laboratorio donde se mezcla el comunismo y el socialismo, el ecologismo y un catolicismo democrático republicano. Pretenden reactivar una tradición laica, crear un marco jurídico y político que reduzca a la mínima expresión el margen de maniobra de la jerarquía católica en la vida pública, tanto en la esfera del Estado como en la sociedad civil. Su discurso consiste en acabar con los supuestos privilegios financieros, legislativos y escolares de la Iglesia católica. Luchan por una cultura democrática y participativa en el interior de la Iglesia católica, y no dudan en creer que la jerarquía eclesiástica es el principal obstáculo para un Estado y una España laica.

RC toca tambores de guerra y ha comenzado a recoger firmas para lanzar un manifiesto cuyo texto “no se hará público hasta septiembre, con ocasión del Congreso de Teología de la Asociación Juan XXIII”. Pero ya se han hecho públicas las líneas maestras de ese manifiesto. En él se “aboga por un Estado laico” y se denuncia un “semiconfesionalismo encubierto” por la pervivencia de unos Acuerdos con el Vaticano que recortarían la laicidad del Estado. RC exige derogar esos Acuerdos y acabar con la financiación de la Iglesia católica a través del IRPF, suprimir la enseñanza de la religión confesional católica en el sistema educativo, así como poner fin al clericalismo y la discriminación de la mujer en la Iglesia. ¿Hay alguna diferencia entre sus demandas y las reivindicaciones de cualquier asociación laicista?

Un Estado y una España laica no se pueden crear con grupos de presión autodenominados “cristiano-católicos” o con manifiestos elaborados desde la decisión única de rechazar la autoridad de la jerarquía católica, al igual que no se resiste la sociedad a la soberanía última del Parlamento y los dictámenes del Tribunal Constitucional. El Estado laico no nace por la adopción de un modelo de catolicismo laico contestatario, ni por decreto de un gobierno, ni por deseo de algunos partidos. Estar en la Iglesia no es estar al mismo tiempo fuera de ella. No es admisible una hegemonía o un poder paralelo, un contrapoder fáctico, como si hubiese de disputarse la dirección de la Iglesia.

RC pretende aprovechar el gobierno de Zapatero, que hasta la fecha ha rechazado las presiones de las organizaciones laicistas en el tema de la enseñanza de la religión y la financiación de la Iglesia, así como la ruptura de los Acuerdos. Mientras que en Francia (donde el Estado finalizó en 1905 el proceso de separación Iglesia-Estado) se demanda activar con intensidad una política de cooperación con las iglesias y confesiones religiosas, en España “la otra Iglesia” no acepta esa misma política de cooperación, invocando la obstrucción máxima al cumplimiento de los Acuerdos con el Vaticano, intentando imponer una agenda particular al Gobierno. Es evidente que la política de cooperación constituye una forma de dar soporte al desarrollo de la libertad religiosa, además del reconocimiento de que se trata de un bien público. Lo que la Iglesia recibe a través del IRPF es mucho menos que el presupuesto de algunas ONG. El modelo de financiación es absolutamente compatible con un Estado laico, como lo es la enseñanza confesional de la religión, algo dominante en toda Europa.

El Estado laico debe impedir que determinadas ideologías (incluida la de RC) sean asumidas por un gobierno para obstaculizar el desarrollo de la religión católica en la cultura, en el ámbito político y moral, o para frenar la ejecución de una política de intensa colaboración con las demás confesiones religiosas. Propongo a RC que se organicen políticamente dentro de la actual estructura de partidos políticos. Desde ahí también se puede cambiar el mundo y trabajar para el Gobierno. Ahora bien, la jerarquía católica no es el adversario de un católico. De la obediencia servil o del feudalismo intelectual amos-siervos de la gleba a la insumisión republicana y democrática que lleva a “otra Iglesia” hay muchos puntos de encuentro para impulsar la comunión en la diversidad. Promover el suicidio institucional de la Iglesia y propugnar un catolicismo democrático que desarticule su estructura jerárquica sólo puede invitar a una reflexión: RC rechaza la jerarquía católica y su manifiesto pretende el vértigo de un laicismo de Estado.

Roberto Esteban Duque

Doctor en Teología Moral

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